¿Os creeríais si os contamos que teníamos planeado pasar unos cuantos días en la ciudad pero al final no pasamos más de dos? Hay veces que las expectativas superan la realidad y otras veces, como fue este caso, sucede todo lo contrario.

Hotel bus again

Salimos de Phnom Penh en dirección a Banlung en un bus nocturno de esos que te venden como “hotel” pero que de hotel no tienen nada. Pero como ya sabíamos de qué iba el tema, esta vez fuimos más listos y nos pedimos la cama de arriba para librarnos del sarcófago infrahumano de la otra vez.

Por la noche todo fue sobre ruedas hasta que se me ocurrió ir al baño-cubo-en-medio-metro-cuadrado. Todo hubiese sido genial si no fuese porque cuando yo estaba ahí plácidamente agachada haciendo pis y súper dormida, de repente al autobús le dio por frenar en seco. Y claro, por cosas de la inercia, obviamente mi cabeza fue directa contra la pared de enfrente como un peso muerto.

Pero atención, porque cuando ni siquiera me había dado tiempo a recuperarme de la hostia que me había llevado sin venir a cuento, de repente vino otro movimiento brusco, que esa vez me llevó a empotrarme contra la pared de al lado. Todo esto en 4 segundos.

Os lo podéis imaginar ¿no? Yo dormida y con los pantalones bajados, dando cabezazos de un sitio a otro como si fuese un puto bolo en el baño. Así, sin comerlo ni beberlo. ¿¡¿Pero qué cojones ha pasado?!? 😂

Cuando salí del baño flipando en colores, me di cuenta de que estábamos en una estación de servicio. “Ahhhh ya veo. Que al inteligente del conductor le ha parecido buena idea frenar en seco para seguido girar de golpe y parar. Yaaa…” Pensé yo. Cómo se nota que él no estaba haciendo malabares en el baño o durmiendo en el sarcófago 😒.

Estoy segura de que esas maniobras hicieron que alguno de los allí presentes se llevara un buen susto mientras dormía. Pero vamos, que aparte del “incidente del baño” el resto del trayecto fue genial. Mucho mejor que la otra vez.

Bienvenidos a Banlung

Como viene siendo algo normal en nuestras rutas íbamos sin ningún alojamiento cogido. Así que cuando llegamos a eso de las 6:00am no nos quedó más remedio que quedarnos ahí tirados, en unas mesas que había enfrente de un supermercado 24h, a buscar algo de alojamiento.

Para estar un poco más lúcidos, se me ocurrió entrar a la cafetería del super para coger unos cafés. Como eran bastante caros pedí los más pequeños (1,45$) pero dije bueno, aunque sean pequeños así nos despertamos un poco. Y vaya si eran pequeños. Menuda mala hostia me entró cuando me los dio. ¡Menuda estafa!

Porque una cosa es que me diesen un café pequeño y otra cosa es que ese café fuese del tamaño de un chupito de bar. Sin exagerar. Eso ya era pasarse ocho pueblos 😂. Me dieron ganas de preguntarle a ver si era algún tipo de broma o algo, pero luego caí en la cuenta de que los precios estaban puestos. Así que reculé y no me quedó otra que irme resignada con mis chupitos cafeteros a otra parte.

Se ve que éramos blanco fácil porque mientras estábamos ahí fuera tomándonos el café, apareció de la nada un hombre con un cartel de su hotel. Que si mira qué hotel más chulo tengo, que si tengo una cabaña molona y súper barata, que si puedes mirar las reviews en Booking… etc.

Y como no nos apetecía una mierda seguir buscando nada y encima dijo las palabras mágicas “os llevo gratis”, no nos lo pensamos demasiado y nos fuimos con él.

aventura en banlung
Esta fue nuestra jungle home

Nuestro nuevo hotel

Pero resulta que una vez allí, lo que el hombre nos había dicho no cuadraba mucho con lo que teníamos. La habitación barata que tenía para nosotros casualidad estaba ocupada (claro, parece ser que eso no lo sabía 30 minutos antes cuando habló con nosotros…), pero nos dejaba otra cabaña más grande y con descuento.

Bueeeeno, tampoco queríamos pelear y el hombre había sido majo. Le preguntamos a ver cuántos días estaban bien para quedarse, y al principio nos decía 3 o 4, y luego ya se las flipó un poco y nos empezó a decir que una semana. Le dijimos bueno, te cogemos 3 días y ya veremos.

Así que ese primer día nos quedamos en la cabaña y estuvimos vagueando, durmiendo y trabajando a partes iguales. Estábamos como cansados y con el horario descontrolado: Jacobo para comer se cogió unos pancakes y yo ni siquiera fui a comer. En ese plan estábamos 😂.

El hotel estaba bastante alejado de todo y eso estaba genial porque estábamos en medio de la naturaleza, pero también tenía su parte mala, y era que necesitábamos transporte para cualquier cosa. Así que nos quedamos a cenar allí. Y ahí fue cuando nos dimos cuenta realmente de que además de no tener apenas variedad, era caro de cojones. Y eso fue algo que tampoco nos gustó.

Mientras cenábamos estuvimos hablando con el hombre y aunque era muy majo, nos pareció muy insistente queriéndonos vender su trekking. Lo cierto es la idea principal de ir a Banlung era hacer un trekking de un par de días por el Parque Nacional de Virachey, un Parque que se encuentra prácticamente haciendo frontera con Laos y dicen que es genial. Pero no sabíamos que era tan caro.

No recordamos exactamente cuánto nos quería cobrar pero nos suena que eran unos 70€ cada uno, algo que para nosotros era un pastizal. Así que amablemente declinamos su oferta y le dijimos que se salía completamente de nuestro presupuesto y de nuestro plan. Vamos, que le dijimos que no claramente.

Pero al hombre parecía que le entraba por un oído y le salía por el otro. Al principio le seguimos la gracia cada vez que nos soltaba lo del trekking pero luego ya su insistencia empezaba a cansarnos. Aunque bueno, como tampoco queríamos rayarnos nada mas llegar, intentamos no darle importancia y nos fuimos a la cabaña.

conociendo banlung
Estas eran nuestras vistas desde la cama

Amigas en Banlung

Acabábamos de llegar a nuestra chocita y estábamos tan tranquilamente cuando de repente me dice Jacobo: “mira eso”. Y yo tan tranquila: “¿el qué?” y de repente me señala una de esas terroríficas amigas nuestras que tanto odiamos: ¡una arañaca!

Teníamos una jodida araña con patas kilométricas, gordas y peludas al lado del grifo del baño. ¡Qué ascazo! “¿Y qué hacemos con ella?” “A mí no me mires”. “Ah, pues yo tampoco pienso tocarla”. Y como somos así de huevones, ahí que se quedó, en el grifo que había al lado del lavabo hasta que desapareció misteriosamente 😂.

Pero lo cierto es que esa araña no era la única compañera que tendríamos esa noche, ya que a los pies del váter había una colonia de hormigas acosadoras, que cada vez que te sentabas en la taza del baño se subían a tus pies. Y tenías que sentarte de lado. Súper apetecible, vamos.

Pero bueno, en un principio no nos importó demasiado. Al fin y al cabo estábamos en una cabaña en la selva. ¿Qué podíamos esperar? Así que como no nos quedaba otra, cerramos la puerta antes de irnos a dormir y cruzamos los dedos para que la” arañita” no viniese a nuestra habitación jaja.

Día de exploradores

Al día siguiente bajamos a desayunar y entre que la variedad de los desayunos brillaba por su ausencia y que no tenían fruta, la única opción que teníamos para desayunar eran pancakes. Eso sí, unos pancakes de infarto 😋.

Le cogimos una moto al dueño del hotel y le preguntamos a ver que podíamos ver. Y ya aprovechó para soltarnos su parafernalia del trekking otra vez, entre risas, para ver si colaba. “¡Qué pesadito está eh! ¿Cuántas veces tenemos que decirle que NO vamos a ir?”

Este tema nos estaba empezando a cansar, porque por una parte entendíamos que quisiera vendernos sus excursiones, pero por otra no veíamos muy normal que en 24h nos soltase el mismo rollo 3 veces. Nos hacía sentir un poco incómodos.

Pero bueno decidimos pasar del tema, así que nos cogimos la moto y los cascos (que podían andar por sí mismos de la cantidad de mierda que tenían) y nos fuimos a nuestro primer destino: el Yeak Laom. Un lago en un cráter volcánico de 50 metros de profundidad súper chulo:
aventura en banlung

Al estar rodeado por un bosque aprovechamos para dar un paseíto entre la selva y cuando ya casi estábamos terminando de dar la vuelta, presenciamos una pelea de insectos al más puro estilo National Geographic: Una tarántula contra un bicho “X”.

La batalla comenzaba así: una tarántula envalentonándose contra un bicho naranja al que le hacía ir marcha atrás cuando de repente… ¿Qué pasó? Chan Chan… ¿Quién ganará? Aquí te dejamos el documental en primicia:

Después del espectáculo de insectos decidimos seguir nuestro rumbo. Esta vez tocaba ir a unas cataratas que se suponía que tenían muy buena pinta, pero a medio camino decidimos abortar la misión (más o menos en cuanto vimos que los caminos de barro y tierra con montículos por los que pasábamos cada vez iban a peor).

conociendo banlung

Si creéis que somos unos exagerados y que fijo que no era para tanto, fijaros en la foto de arriba, en la que hay un tramo tan estrecho por el que apenas cabía la moto (y mucho menos los pies de Yeicob) y a los costados hay unos socavones que me llegaban por el muslo de la pierna.

Un poco too much, ¿no? Porque a ver, queríamos ver cascadas pero tampoco queríamos caernos por hacer el canelo.

Así que nos fuimos en busca de otras cataratas, tres para ser exactos. Los caminos no es que fuesen para echar cohetes pero algo mejor ya estaban. En la primera estuvimos a punto de no entrar porque había una cadena en la entrada y no veíamos a nadie por ahí para que nos abriese.

Menos mal que una señora muy maja nos insistió tanto en que ese era el camino, que nos bajamos para investigar. Y cuando asomamos la cabeza en la caseta descubrimos por qué no veíamos a nadie: había un hombre tumbado en la hamaca, tan profundamente dormido que parecía muerto. Sabíamos que no estaba muerto porque respiraba, que si no… 😂

Estuvimos llamándole como 20 veces “hey” “hello” “hi” “sorry” y todo lo que se nos ocurrió, pero hasta que no le pegamos 4 gritos en plan “HEELLOOOOO” no se enteró. Se despertó de un rebote y con una cara en plan de “uy perdón, parece que me he quedado un poco trastocado” nos abrió la cadena.

No sabemos si había que pagar o no, pero lo cierto es que aunque le vimos con unos papelitos que parecían entradas, nunca nos pidió dinero. ¿Será que le daba apuro después de haberle pillado infraganti? Jaja nunca lo sabremos.

El caso es llegamos a unas cascadas que eran increíbles, ¡y lo mejor de todo era que estábamos solos!

conociendo banlung
Yeicob parece una hormiguita 😂

La siguiente cascada a la que fuimos no era tan alta como la anterior, pero también molaba un montón y estábamos completamente solos:

Después nos fuimos a visitar la última cascada del día, y aunque había algún turista y no era tan alta como las anteriores, también nos flipó.

Más que la cascada en sí, lo que molaba era el puente que cruzaba por encima, haciendo un paisaje realmente bonito:

¿Nos quedamos o nos vamos?

Lo que habíamos visto ese día nos había gustado tanto que llegamos a pensar que no estaría mal cambiar de hotel a uno más céntrico. Pensábamos que probablamente fuese más barato, y así podíamos aprovechar los días de visado que nos quedaban y quedarnos trabajando.

En esas estábamos, planteándonos qué hacer, cuando decidimos hacer una merienda-cena aprovechando las últimas horas de luz del día. Pasamos por un rasta bar que recomendaban en TripAdvisor y a pesar de ser un local bastante cutrecillo, un arroz costaba como 4$.

¡Qué caro! Además ese día no tenían hamburguesas, sólo noodles, así que nos fuimos a otro que estaba cerca. Y resultó que allí los platos también eran muy caros. A ver si iba a resultar que Banglung no era tan barato como queríamos pensar…

conociendo banlung
Puesta de sol en el restaurante en el que hicimos la merienda-cena

Cuando llegamos al hotel, el dueño muy amable él, nos preguntó si íbamos a coger la moto al día siguiente. Como le dijimos que no, nos dijo que le devolviésemos las llaves. En un principio no nos dimos cuenta y se las dimos, pero cuando llegamos a la habitación nos quedamos en plan…

¿Por qué nos ha quitado las llaves si hemos pagado el día entero y son las 18:00h? ¿Y si queremos ir a cenar por ahí? ¿Nos tenemos que quedar en su hotel caro a cenar obligatoriamente cuando tenemos la moto pagada? Porque nosotros ya habíamos cenado, pero eso él no lo sabía…

Y ahí ya empezamos a hablarlo seriamente entre nosotros y nos dimos cuenta de que estábamos bastante quemados con este hombre. Habíamos explotado. ¿De qué iba? Teníamos una mezcla de sensaciones muy rara porque por un lado era un tío majo, pero por otro lado nos daba la sensación de que era demasiado listillo y no estaba tomando el pelo todo el rato.

Ya de mala hostia se nos cruzó el cable y decidimos que no nos queríamos quedar allí más. Vale que Banlung era bonito, pero el motivo principal de visitarlo era hacer el trekking y era demasiado caro para nuestros bolsillos.

Además, ya habíamos visto lo más importante y no queríamos quedarnos en ese hotel a pagarle platos caros a un hombre que nos daba la sensación de que se estaba quedando con nosotros, en una habitación que nos medio encasquetó y que encima tenía bichos. Y el resto de opciones que habíamos investigado no eran más baratas.

Los que nos seguís desde hace tiempo ya sabéis que funcionamos con impulsos y sentíamos que nuestra etapa en Banlung había caducado. ¿Así que por qué quedarnos más?  😂

Vale ¿Y entonces?

Los días anteriores habíamos estado hablando sobre cuál sería el siguiente destino, pero no lo teníamos del todo claro. Habíamos divagado un poco pensando que queríamos ir a Filipinas y habíamos mirado vuelos para ir allí, pero los más baratos salían desde Ho Chi Minh, al sur de Vietnam.

Sabíamos que esa era la opción más probable pero no habíamos madurado esta idea lo suficiente por varios motivos: somos huevones, no nos gusta organizar, nos gusta dejarnos llevar y sobre todo, no sabíamos cuántos días estaríamos en Banlung. Así que esa opción estaba ahí, en el aire.

Y aquí fue cuando todo empezó a cobrar sentido y nuestros planes mentales de repente cogieron forma: “¿y si nos vamos mañana, cruzamos la frontera a Vietnam por tierra y vamos bajando poco a poco hasta Ho Chi Minh?” Teníamos como unos 12 días hasta que saliese el vuelo que habíamos visto. “¿Mañana ya? Mmmm venga vale. Te lo compro”. Y en un momento, lo teníamos súper claro.

Sólo teníamos dos inconvenientes: el primero era que no sabíamos si nos daría tiempo a coger algún autobús que nos llevase a Vietnam así de repente al día siguiente por la mañana. Y el segundo era que en el caso de poder marcharnos, ¿qué íbamos a hacer con la noche reservada que nos quedaba en el hotel de Banlung?

La verdad es que este segundo punto nos daba igual. Preferíamos marcharnos y perder la noche de hotel, que quedarnos allí un día más (ya sabéis que cuando se nos cruza el cable, se nos cruza de verdad 😂). Imaginaos si estábamos rayados, que Yeicob a esas horas ya tenía hambre otra vez y pasaba olímpicamente de ir a cenar al restaurante del hotel. Jajaja.

Al final le acabé convenciendo y bajamos a cenar unos noodles. Esta vez el dueño no nos insistió con el trekking, se ve que nos vio cara de mala milk. Pero bueno, estuvimos hablando un rato con él y la verdad es que como siempre, fue muy simpático.

¡No sabíamos por dónde pillarle a este hombre! Era muy majo pero para nuestro gusto, se había pasado de listo y ya no había marcha atrás: nos queríamos pirar de Banlung y de Camboya ya.

Siguiente destino: Filipinas. ¿O era Vietnam?

Nuestro plan para el día siguiente era este: intentaríamos ir a primera hora al centro a buscar unos billetes. ¿Que había? Perfecto, nos íbamos para Vietnam. ¿Que no había? No pasaba nada, nos quedaríamos una noche más en Banlung ya que la habitación ya estaba reservada.

¿Qué creéis que pasó al final? ¿Conseguiríamos cruzar a Vietnam al día siguiente? ¿Qué le diríamos al dueño para irnos un día antes? ¡No os perdáis el siguiente capítulo de nuestras aventuras por Camboya!

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Banlung: Crónicas de un final inesperado
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