Aquel día nos levantamos con el fresquito que entraba en nuestra cabaña. Yeicob ya estaba bastante bien, pero su recuperación había llegado un poco tarde: Había llegado nuestro último día en Koh Rong Samloem. Nos fuimos a desayunar y dejamos recogidas nuestras cosas para ir a preguntar la hora a la que salían los ferries.

Porque sí, a estas alturas ya sabréis que nosotros siempre dejamos todo para el final. No teníamos más noches en la isla, pero tampoco teníamos cogidos los billetes de salida, así que no nos quedó otra que ir a pasear por la playa y encontrar el muelle de la compañía que nos llevaría de vuelta a Sihanoukville.

Por la playa nos encontramos con esta ¿comisaría?

La oficina se encontraba prácticamente en la otra punta de la playa y empezamos a preguntar: “¿a qué hora salen los ferries para Sihanoukville?”. “En 45 minutos”. “Ah… perfecto… ¿Y ahora qué hacemos?”. Como ya os contamos, Koh Rong Samloem no tiene carreteras, así que teníamos que ir andando de vuelta hasta el hotel (unos 20 minutos), sacar nuestros bártulos, hacer el checkout y volver hasta allí con mi maleta nueva con ruedas (que evidentemente no podía arrastrar por la arena) y las otras 3 mochilas que llevábamos.

“Bueno, resérvanos los tickets que volvemos ahora”. No quedaba otra, teníamos que ir de sprint hasta el hotel y volver. ¿Nos daría tiempo?

¡Vamos que nos vamos!

Llegamos sudando la gota gorda. “¡Queremos hacer el check out!” Y mientras Jaco se duchaba yo estaba haciendo el check out. “¿Tenéis barcos que lleven al puerto?”. Cuando vinimos, la barquichuela del hotel de al lado nos trajo gratis, así que teníamos la esperanza de que este hotel también los tuviese. “Yes, we have”. “Are they for free?”. Y nos dicen que sí. Y ahí que voy yo corriendo hacia la cabaña, con la mochila pegada y golpeándome en el cogote “¡¡Cariiiii que nos llevan!!” Por suerte llegamos a tiempo. De hecho, ¡hasta tuvimos que esperar un poco!

Cuando llegamos a Sihanoukville, en el mismo muelle había un chiringuito-agencia que vendía billetes hasta Kampot y el autobús pasaba en media hora. Si es que tenemos demasiada suerte. Lo intentamos hacer adrede y no nos sale 😂.

En la van rumbo a Kampot

El recorrido, que pasaba por un intercambio de furgonetas y por unas carreteras rollo montaña rusa, tardó unas 4 horas aproximadamente en llegar a Kampot. Cuando llegamos y aparcamos en la acera aparecieron los taxistas, que estaban ojo avizor, preparados para abrirnos la puerta mientras asomaban unas cabezas detrás de otras diciendo simultáneamente “¿Taxi?” “¿Taxi?” “¿Taxi?” “¿Taxi?” Afortunadamente aquí no son tan pesados como en otros sitios y en cuanto les dices que no, te dejan tranquilo.

Primeros contactos con Kampot

Una vez los taxistas se habían marchado, nos sentamos en un banco y abrimos la app de booking para mirar los hoteles que había en los alrededores. “Este tiene buena pinta”. Y en 5 minutos nos plantamos allí. La habitación estaba bastante bien por el precio (10$ la noche) así que reservamos para un par de días y nos fuimos a tomar nuestra comida/merienda/cena. Estábamos muertos y sólo queríamos descansar.

Durante un par de días estuvimos prácticamente sin salir del hotel, trabajando y descansando de vez en cuando. Y así, llegó el día de visitar la estación fantasmagórica de Bokor, en el Parque Nacional de Preah Monivong.

Habíamos leído que este Parque Nacional tenía una especie de microclima que hacía que hiciese bastante fresco a pesar de que en el pueblo hiciese un calor para morirse. Ese día lo descubrimos con nuestros propios ojos. Fue cruzar el gran arco con el nombre del Parque Nacional y empezar a caer gotitas. Mirábamos al cielo y veíamos nubes negras, pero teníamos fé en que el viento las llevase para otro lado. ¡Meehhh!

5 días en kampot
Una nube “mu negra” estaba acechando

A medida que íbamos subiendo el frío y la lluvia se hacían más intensos, hasta el punto de que las gotas de lluvia que te golpeaban en la cara era tan gordas que hacían daño. En cuestión de minutos estábamos calados y con un frío de pelotas. ¡Y prácticamente ni siquiera habíamos empezado a subir! Sospechábamos que si continuábamos con nuestra excursión íbamos a acabar enfermos así que decidimos abortar la misión y dejarla para otro día.

En cuanto bajamos y empezamos a cruzar el camino de salida, empezó a hacer un calor horroroso de nuevo. Ya no llovía, así que paramos la moto y sacamos el móvil para ver otras cosas que podíamos hacer. Y mientras buscábamos alternativas, vimos otra moto de turistas en la carretera de enfrente que iba hacia Mordor.

Jacobo y yo nos quedamos mirándolos y sonriendo en plan “¡A ver cuánto tardáis en bajar!” Y mientras tanto, ellos se giraron y nos sonrieron mientras nos saludaban con la mano. Pobrecillos. ¿Cuánto tardarían en dar la vuelta como nosotros?😂

5 días en Kampot
Al rico langostino

Al final nos decantamos por conocer el Crab Market de Kep (tampoco es que hubiese mucho más para hacer por allí), que estaba como a la misma distancia que habíamos recorrido para venir desde Kampot, pero justo en la otra dirección.

Habíamos leído que era un sitio genial para comer marisco recién pescado, así que nos dimos un paseo por allí y picamos algo mientras nos tomábamos unas cervezas.

Después nos animamos a ir a una plantación de té, que según lo que leímos en internet era gratis y estaba al lado. Pero resulta que cuando llegamos ahí no había nada, sólo unas casas con un hombre camboyano que no entendía ni papa de inglés.

5 dias en kampot
¡Aquí estaba la supuesta plantación de té!

Así que viendo la nube que se avecinaba (y que no tardó nada en calarnos) decidimos pirarnos de nuevo al hotel para tomar unas cervezas en el bar del ático, cenar e ir a descansar.

Conociendo la ciudad fantasmal

Esta vez sí que sí, íbamos a conocer la estación fantasma de Bokor. Por suerte, amaneció soleado así que esta vez no tuvimos que calarnos. ¡Menos mal que el día anterior decidimos cambiar de planes!

Estuvimos por allí toda la mañana y pudimos visitar una pagoda (donde un grupo de chinos se empeñó en hacerse un reportaje de fotos con nosotros 😂), el palacio negro, la iglesia (que da bastante mal rollito), la oficina de correos y unas cascadas:

Cuando conseguimos que no saliese nadie de fondo…

La verdad es que estuvo bastante entretenida la mañana, aunque íbamos con los cojoncillos de corbata porque íbamos con la gasolina justa (para variar). No queríamos llenar el depósito y devolver la moto con la mitad de la gasolina. Somos así de ratas, ¡qué le vamos a hacer! 🤷🏼‍♀️

Cuando bajamos del Parque Nacional, decidimos echar 2$ de gasolina. Tampoco queríamos jugar demasiado con fuego y quedarnos tirados de verdad jaja. Y esta vez pusimos rumbo a una cuevita que estaba pasando Kep (oooootra vez media vuelta, más lejos de donde fuimos el día anterior).

La verdad es que la cueva molaba bastante, pero lo que más nos gustó sin duda fue todo el trayecto hasta allí, conociendo pueblos perdidos de Camboya y unos paisajes espectaculares.

Se ve bastante mal, pero es lo que tiene hacer fotos desde la moto 😅

Cuando llegamos a Kampot de nuevo, comprobamos que el día por allí había estado pasado por agua. ¡Había habido inundaciones! En ese momento queríamos haber ido a una agencia para preguntar por los tickets para ir al día siguiente a Phnom Penh (la capital), pero visto lo visto, decidimos ir directamente al hotel y dejar lo de los billetes para el día siguiente.

Tampoco era plan de ir con todo inundado, ¿no?

Total, siempre dejábamos todo para el último día y nunca habíamos tenido ningún problema, así que el no tener billetes para salir de la ciudad al día siguiente no nos iba a quitar el sueño.

Como os hemos contado, nuestro próximo destino era Phnom Penh, donde casi sin planearlo, pasaría un día muy especial para mi. ¡Mi happy birthday!

Tenemos muchas más cosas que contaros, pero eso lo haremos en nuestra siguiente crónica. ¡No te la pierdas! 😉

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