¿Quieres saber cómo nos fue cruzando la frontera de Camboya a Vietnam por tierra? Nuestro trayecto exactamente fue desde Banglung hasta Quy Nhon pasando por Pleiku, así que si quieres hacer el mismo recorrido o escuchar nuestras aventuras, ¡sigue leyendo!

Y si no te interesa nuestra historieta cruzando la frontera (muy mal por tu parte 😜), puedes ir directamente al final del post para dar con los datos prácticos.

¿QUÉ PASÓ NUESTRO ÚLTIMO DÍA EN BANLUNG?

Si leíste nuestra anterior crónica sobre Banlung, sabrás que por varios motivos nos dio un ramalazo y quisimos irnos de allí de un día para otro (si no, puedes leerlo aquí: Banlung: Crónicas de un final inesperado). Así que al día siguiente nos levantamos muy pronto, desayunamos y nos fuimos andando hasta el centro de la ciudad. ¿Nuestro objetivo? Marcharnos ya mismo de Camboya en dirección a Vietnam.

Como no teníamos ni idea de dónde podríamos coger un autobús que fuese a cruzar la frontera esa misma mañana, fuimos a la parada donde nos dejó el autobús cuando llegamos a Banlung el primer día. Pensamos que ese sería un buen punto de partida para empezar a preguntar.

Y efectivamente, yendo de un sitio a otro logramos comprender que sólo había una compañía que cruzaba hasta Vietnam, más concretamente a la ciudad de Pleiku. De allí, tendríamos que coger otro transporte para llegar hasta Quy Nhon, nuestro destino, pero eso no nos preocupaba porque sabíamos que de alguna manera nos apañaríamos. Lo que nos importaba era marcharnos ya.

Así que cuando dimos con ese mini restaurante en el que vendían billetes a Pleiku y vimos que tenían autobuses para salir esa misma mañana ni nos lo pensamos. «¿Cuánto valen los billetes de autobús a Pleiku?» «10$ cada uno». Y encantados de la vida empezamos a maquinar cómo haríamos para que nos diese tiempo a hacer todo lo que teníamos que hacer y después coger el autobús (todo esto en una hora aproximadamente).

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Aquí compramos los billetes. Super fácil de adivinar, ¿no? 🤣

En un principio no nos pareció caro teniendo en cuenta que los transportes en Camboya en general (para nuestro gusto) tenían los precio muy inflados. Estábamos prácticamente en medio de la nada y tampoco teníamos otras opciones, así que ni se nos ocurrió regatear.

Después nos dimos cuenta de que si lo hubiéramos hecho, probablemente nos habrían salido bastante más baratos. Pero bueno. Al fin y al cabo los planes estaban yendo perfecto sin ni siquiera planearlo, así que tampoco podíamos quejarnos. Ahora ya sólo faltaba hacer todo en tiempo récord.

¿NOS DARÍA TIEMPO A COGER EL BUS PARA CRUZAR A VIETNAM?

Lo primero que hicimos fue ir a sacar dinero al banco. Estábamos pelados y teníamos que pagar el bus y el hotel y seguir teniendo dinero para nuestro paso por Vietnam. Una vez dinero en mano, teníamos que ir al hotel a recoger todo y volver a bajar a la ciudad.

Como ir andando no era una opción viable ya que el hotel estaba bastante lejos del centro, paramos donde unos tuk tuks que estaban ahí esperando al acecho y que un rato antes nos habían estado llamando. Necesitábamos que uno nos llevase al hotel y nos esperase para volver a llevarnos al centro de nuevo. Gracias a la interpretación de uno de los jóvenes allí presentes, conseguimos un conductor dispuesto a ello. ¡Yuuuuuu! ¡Todo iba sobre ruedas!

Ahora sólo tocaba contarle al dueño del hotel que nos íbamos de repente, aún teniendo una noche más reservada. Cuando llegamos y le contamos a la mujer nuestros planes para que llamase a su marido y poder pagarle todo, flipó bastante.

Mientras recogíamos todos nuestros bártulos en un tiempo récord apareció el dueño en la cabaña: «¿Cómo que os vais?» Y nosotros, como estábamos un poco apurados y nos sabía mal marcharnos tan rápido, ya teníamos una excusa preparada: «Es que hemos visto un autobús barato que nos lleva a Vietnam».

Este hombre ya sabía que antes o después marcharíamos a Vietnam por tierra, y también sabía que cuando le preguntamos cuánto costaba hacer el trayecto, nos dio un precio desorbitado (unos 15$). Así que no le quedó otra que sonreír e ir a prepararnos la factura.

Cuando ya teníamos todo recogido y fuimos a pagarle, la verdad es que nos llevamos una grata sorpresa: la noche que teníamos reservada y que íbamos a perder por marcharnos un día antes no nos la cobró.

A ver, por un lado era lógico que no nos la cobrase porque no la habíamos usado, pero también tenía sentido que sí la cobrase ya que se la habíamos reservado, y supuestamente nos había hecho precio las otras noches por reservar 3 días.

Sea como fuese, le pedimos mil disculpas con una sonrisa, le agradecimos todo y nos fuimos con un pequeño mal sabor de boca. Nos daba pena marcharnos por él porque había sido majo, pero seguíamos con la espinita de que el hombre se había pasado de listillo con nosotros. Pero bueno, ese sabor de boca se nos olvidó enseguida: nos quedaba un día de aventuras por delante para llegar hasta Quy Nhon.

CRUZANDO EN BUS DE CAMBOYA A VIETNAM

De Banglung a Pleiku: Primera parte

Como no nos dio tiempo a coger el primer bus, tuvimos que esperar una hora más. Así que ahí, esperando, se me ocurrió la idea de regatear un poco. Sabía que no iba a pasar, estábamos demasiado vendidos…¡pero por intentarlo que no fuese!

Tratamos de bajarle el precio de 10$ a 8$ pero evidentemente, no coló. El colega se hizo una mezcla entre sordo y «mi no entender» y no se bajaba de la burra. Así que yo también pasé. Ya os digo que era obvio que no iba a regatear: estábamos esperando con todas nuestras maletas a que saliese el único bus que iba a nuestro destino. ¿Quién iba a ser el tonto que nos iba a bajar el precio? 😂

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Este fue el mini bus que nos llevó hasta Pleiku

Cruzando en autobús la frontera de Vietnam

Obviando que cada 2×3 parábamos para que el copiloto turbio se bajase para intercambiar «algo que preferimos no saber qué era» con cada policía que se encontraba, el trayecto en sí no estuvo nada mal. En una horita y media ya estábamos en la frontera. Sólo tuvimos que bajarnos del bus e ir a inmigración de Camboya para que nos sellasen la salida del país, volver a montar en el bus y enseguida volvernos a bajar.

¡Ya estábamos entrando en terreno vietnamita! Aquí tuvimos que bajar nuestras cosas y pasarlas por el control de equipajes, contarle al hombre de inmigración que íbamos de vacaciones y que estaríamos menos de 15 días. E inmediatamente nos puso el sello.

Pleiku: segunda odisea para llegar a nuestro destino

Cuando llegamos a Vietnam el bus nos dejó en un sitio que no debía, para variar. Le pedimos por favor que nos llevase a la estación de autobuses, pero se ve que aunque tenía que pasar por enfrente no le apeteció dejarnos allí. Pero al menos nos acercó hasta el principio de la calle y sólo tuvimos que andar unos minutos.

Cuando llegamos a la estación empezamos a notar la tontuna de los que no nos entendían. Preguntábamos por «Quy Nhon» y la gente no sólo no nos contestaba, sino que se reía como si les hubiésemos contado el chiste del año.

A veeeer… vale que no somos vietnamitas pero tampoco era tan difícil hacer un esfuerzo por entender, ¿no? Resulta que se escribe «Quy Nhon» pero se pronuncia «Cui ñón». Una vez que te lo dicen es fácil de recordar pero hasta entonces… un poco difícil de imaginar.

Para cuando quisieron enterarse ya había pasado un rato y aún así, mientras íbamos hacia donde nos habían mandado, podíamos oírles cómo seguían descojonándose. Ya les habíamos hecho el día. ¿En serio que era para reírse tanto? 😂

Buscando transporte para llegar a Quy Nhon

Resulta que para cuando llegamos a la ventanilla ya no había autobuses que nos llevasen ese día hasta Quy Nhon. «¡Mierda! ¿Y ahora qué hacemos?» Y en esas estábamos, debatiendo, cuando nos apareció un motorista que no tenía ni puñetera idea de inglés pero que se emperraba en saber a dónde íbamos. «¿Qué más te da? Si no te vamos a comprar nada» pensaba yo. Digo este es el típico listillo que nos ve cara de tolais y quiere sacar tajada.

Pero como no teníamos nada mejor que hacer dije bueno, que nos cuente a ver qué quiere. Y entre una cosa y otra, conseguimos averiguar que había una furgoneta que nos llevaba a Quy Nhon. Y dijimos bueno, pues igual sí que nos interesa lo que nos tiene que contar.

Y cuando estábamos a punto de decirle que sí, nos empezamos a darnos cuenta de algunos pequeños detalles: «Ostia, pero si no tenemos dongs», «si tampoco tenemos hotel» «ni internet». ¿Y qué hacemos? 😂

«Bueno, vamos a intentar pagar con dólares a ver si cuela». «¿Pero cómo va a colar?» Me decía Yeicob. Y es que en Europa estas cosas jamás se me ocurrirían, pero aquí, que sabemos que son muy apañaos para lo que les interesa y que un dólar es un dólar aquí y en la otra punta del mundo, había que probarlo.

Total, el «no» ya lo teníamos. Así que ahí fuimos con toda nuestra jeta a preguntarlo. Al principio les costó pillarlo, pero en cuanto entendieron lo que queríamos decir, nos dijeron que sí.

Y una vez supimos que podíamos pagar en dólares, llegaba nuestro siguiente dilema: «¿Y a cuánto está el dong?» Porque sí amigos. A veces somos tan panolis que parece que llevamos un cartel en la frente que dice «ESTOY ATONTAO».

¿Cómo íbamos a pagar en dólares un billete que se cobraba en dongs cuando ni siquiera sabíamos a cuánto estaba el cambio? Pues ahí que nos ves, haciendo memoria de a cuánto estaba el dong la última vez que fuimos hacía como 3 años (¿?) y mirando el móvil del vietnamita, a ver si el precio que nos estaba diciendo nos cuadraba.

A todo esto, como aquí no se pierden una, ahí estaban todos los vietnamitas con la cabeza asomada por el cristal y entre los asientos, cotilleando todo. Sólo les faltaban las palomitas para el espectáculo.

Entre una cosa y otra les acabamos pagando 15$ para los dos. O sea 7,5$ por cabeza. Teniendo en cuenta que veníamos de Camboya donde el transporte era más caro, que estábamos viajando en furgoneta (y eso era más caro que ir en un autobús) y sobre todo, que era la única opción disponible si no queríamos quedarnos a dormir en Pleiku, aceptamos y nos montamos.

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Especial mención al hombre de la puerta cazando futuras presas en la calle

La fragoneta del infielno: ¿Llegaremos a Quy Nhon o moriremos en el camino?

Vale que esta pregunta es trampa porque morir, lo que se dice morir, no morimos. Pero creednos si os contamos que en esta furgoneta pasamos bastante miedete.

Nada más montar en ella anduvimos como 10 minutos y nos paramos a un costado de la carretera. No sabemos muy bien a qué o a quién esperábamos, pero estuvimos como una hora esperando, rodeados de vietnamitas curiosos que no paraban de mirarnos.

Algunos de ellos, gracias a sus dotes de empatía y solidaridad con sus convecinos de furgoneta, se encendían cigarros y hacían burbujón dentro. Se ve que pensaban que el resto nos moríamos de ganas de comernos su humo.

Cuando por fin al conductor le dio la gana de aparecer, nos pusimos rumbo a Quy Nhon. ¡Por fin! Pensábamos nosotros, sin saber que el espectáculo no había hecho más que empezar.

La primera hora del trayecto consistió en ir a 30 km/h, por el medio de la carretera, con la puerta de la furgoneta abierta y con el compañero macarra asomando medio cuerpo. ¿Y eso? Pues porque parece ser que el hecho de que la furgoneta tuviese 12 asientos, para ellos no era sinónimo de que tuviese 12 plazas. Así que estaban a la caza de más gente para meter a la furgoneta.

Al principio nos hacía gracia, pero ya cuando empezamos a ver que iban 5 en 3 asientos, la gente de pie y que literalmente, no cabíamos dentro de la furgoneta nos empezamos a mosquear un poco. Jacobo y yo en plan «no se le ocurrirá meternos aquí a alguien, ¿no? Porque yo le pido el dinero y me bajo aquí en medio de la carretera».

Lo cierto es que el tío ni siquiera lo intentó. Se ve que nos leyó el pensamiento, igual que hizo el que iba a nuestro lado, que se descojonaba porque sabía que había pillado cacho teniéndonos a nosotros al lado.

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Así íbamos después por la carretera. O sea ¿hola?

Cuando por fin terminamos de recoger a todo quisqui y ya no cabíamos en la furgoneta empezamos a cambiar la velocidad, y en vez de ir a 30km/h subimos a una media de 120km/h, en una carretera que no creo ni que fuese seguro ir a 80km/h.

Adelantábamos a todo el mundo dando bocinazos como si los fuéramos a embestir y yo pensando… «vamos a morir». Os juro que esta es la vez que más miedo he pasado en un transporte en Asia, ¡y mirad que aquí conducen como colgados!

Entre acelerones para ir a la velocidad de la luz y frenazos para ir dejando a pasajeros (con la bocina siempre de fondo), hicimos medio camino aproximadamente. A estas alturas, la furgoneta se quedó con un nivel normal de pasajeros y entonces decidieron que ese era el momento para el empezar el segundo round. Porque ahora, no os lo perdáis, en vez de recoger personas recogíamos mercancía. Sí, como os lo estamos contando.

Que si acelera por aquí, que si ahora frena y da media vuelta durante dos minutos para volver a dar la vuelta, que si métete por esta calle, que así ahora métete en un descampado… Total, que de repente nos encontramos de noche, en no sabemos muy bien dónde, parados y con la puerta trasera de la furgoneta abierta.

Y yo noto que me empiezan a decir que mi mochila, que la tenia apoyada en el suelo entre mis piernas, la dejase atrás. Y yo que no, que no. Que esta mochila es mía y de aquí no se mueve. Pensarían que estaba loca pero me daba igual. «De mi mochila no me separo ni muerta», pensaba yo. Al final me acabé dando cuenta de que mi mochila estorbaba porque estaban metiendo tablones de madera debajo de todos los asientos. ¿O sea esto es una broma?

Evidentemente no lo era, y hasta que no llenaron toda la parte baja de los asientos no pararon de meter maderas. Pues ahí nos quedamos, con las piernas levantadas por los puñeteros tablones y con la mochila en medio. Ahí no se podía estar. ¡Queremos irnos ya jodeeer! 🤣

Último destino: ¡Por fin llegamos Quy Nhon!

No hace falta que os digamos que el viaje fue una auténtica odisea y que duró muchas más horas de lo previsto. Así que os podéis imaginar lo alegres que estábamos cuando por fin llegamos a Quy Nhon. Ya era de noche y aún nos faltaban tres cosas muy importantes: dongs, un hotel y sobre todo, algo para comer. ¡Llevábamos sin comer desde el pancake que habíamos desayunado a medias en Banlung!

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Muertos en vida recién llegados a Quy Nhon. Pues tampoco tenemos tan mala cara, ¿no? 😂

Por suerte, el bus nos dejó súper cerca de un centro comercial. Así que lo primero que hicimos fue entrar y buscar un cajero como locos. Cuando ya tuvimos dinero nos sentamos en el Jollybee (una mezcla entre McDonalds y KFC) y pedimos la clave del wifi para buscar un hotel.

Una vez reservado y con las barrigas llenas, nos pillamos un taxi para que nos llevase al hotel. A pesar de las prisas, no pudimos haber escogido uno mejor: bueno, bonito, barato y con un dueño que era un sol. Nada más llegar, nos invitó a unos cacahuetes y té, y estuvimos con unas cervezas de cháchara con él. Eso sí, con el google translate, porque el hombre era un encanto pero no tenía ni idea de inglés.

Y tras un día taaaaaan intensito, nos fuimos a la habitación que por suerte, tenía dos camas de matrimonio (muy típico en Vietnam) y que nos vinieron de lujo para tirarnos como chorizos, cada uno en una 🤣.

Si quieres leer cómo nos fue nuestra estancia en Quy Nhon y lo mucho que nos gustó, no te pierdas nuestra siguiente historieta!

DATOS PRÁCTICOS PARA CRUZAR DE CAMBOYA A VIETNAM POR TIERRA

¿Qué paso fronterizo cruzamos?

  • Nosotros hicimos el recorrido de Banglung a Pleiku.

¿Cuánto dura el trayecto en autobús?

  • En total tardamos unas 4 horas más o menos.

¿Cuánto cuesta cruzar la frontera por tierra?

  • Nosotros pagamos 10 dólares americanos cada uno, pero tal y como hemos dicho, si regateas, probablemente puedas sacarlos bastante más baratos.

¿Dónde comprar los billetes si vas de Banglung a Pleiku?

  • El sitio donde compramos los billetes era un restaurante en la carretera principal de Banglung. Puedes encontrar la ubicación exacta pinchando aquí. Así es el restaurante por fuera:

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¿Dónde comprar los billetes si vas de Pleiku a Banglung?

  • Si quieres ir en transporte público, podrás preguntar en la estación de autobuses de Pleiku, que está aquí. Si no, otra opción es preguntar en cualquier agencia, seguro que sabrán recomendarte un sitio al que ir a preguntar.

¿Qué te ha parecido nuestra odisea para cruzar por tierra de Camboya a Vietnam? ¿Tú también has cruzado la frontera? Si te has quedado con alguna duda, puedes dejarnos un comentario y si no, te recomendamos que le eches un vistazo a nuestros consejos viajeros de aquí abajo!

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La odisea del día: de Camboya a Vietnam en la furgoneta de la muerte
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