Después de pasar varios días en Quy Nhon llegaba el turno de conocer Da Lat. Si os somos sinceros este destino no nos llamaba demasiado la atención, pero gracias a las redes sociales (Instagram también tiene cosas positivas 😂) conocimos a una pareja encantadora que estaba por allí y decidimos darle una oportunidad.

Bienvenidos a Da Lat, una ciudad con microclima

Habíamos oído que en Da Lat refrescaba mucho, pero jamás nos hubiésemos imaginado que podía llegar a hacer tanto frío. Si habéis llegado hasta aquí porque estabais leyendo nuestra historieta anterior, sabréis que llegamos en un autobús nocturno.

En teoría, la idea era llegar por la mañana pronto e ir derechitos al hotel. Pero la realidad, para variar, fue bastante diferente. Llegamos a Da Lat a eso de las 4:30am, a una estación de autobuses perdida en medio de la nada y completamente de noche.

«¿Y ahora qué hacemos?» Nuestra idea era ir al hotel nada más llegar y poder descansar. Pero claro, habiendo llegado a esas horas intempestivas era imposible que ningún hotel nos aceptase. Así que como no queríamos pagar esa noche de hotel, no nos quedó más remedio que quedarnos en la estación, a 15°C y muertos de frío.

Ya sabéis que nosotros vamos de calor en calor, así que esas temperaturas eran algo infrahumano para nosotros, por no mencionar el hecho de que ni siquiera teníamos apenas ropa para el frío. Yo me saqué las playeras de la mochila y empecé a ponerme capas de ropa de todo lo que pillaba, como si fuese una cebolla. Aún así, seguía teniendo muchísimo frío, y el hecho de que no hubiese ni una cafetería ni una máquina para tomar un triste café, hacía que ni siquiera pudiésemos tomar algo para entrar en calor.

Nuestro remedio para pasar el tiempo fue ver capítulos de Netflix que teníamos descargados en el móvil y en el iPad (¡Bendito Netflix! ¿Qué haríamos sin él?), tumbados en unos asientos de metal más fríos que un témpano de hielo.

Cuando ya se hizo de día, a Yeicob se le iluminó la bombilla: «Oye y si vamos directamente al hotel y esperamos allí? Porque total, para estar pasando frío, por lo menos lo hacemos con el estómago lleno». Menos mal que de vez en cuando alguno tiene momentos de lucidez, porque si hubiese sido por mí, seguiría ahí postrada hasta vete tú a saber cuándo.

Llegada a la ciudad de Da Lat

Dicho y hecho. Recogimos el campamento que habíamos montado en un momento y cogimos un taxi que nos llevó hasta el hotel. Cuando llegamos, vimos que seguía cerrado pero por suerte para nosotros, enfrente había una cafetería que estaba abierta.

Así que ahí nos metimos, con todos nuestros bártulos, a desayunar unas tortillas y un gran café vietnamita mientras nos resguardarnos del calor y hacíamos tiempo (obviamente con Netflix de por medio 😂) hasta que abriesen el hotel.

da lat vietnam

Al de una hora vimos que ya habían abierto, así que fuimos prácticamente corriendo para que nos diesen una habitación. Era muy pronto así que no las teníamos todas con nosotros: sinceramente pensábamos que no nos iban a dejar entrar en la habitación hasta la hora del check in. Pero tuvimos suerte y nos dejaron entrar a la habitación. Y sabéis qué hicimos, ¿no? Tirarnos a dormir, como si fuésemos dos chorizos, hasta el medio día.

Como comprenderéis, cuando despertamos después de varias horas estábamos demasiado aplatanados. Así que como no queríamos pensar, tiramos de TripAdvisor para encontrar un restaurante bueno, bonito y barato y que además, estuviese cerca de casa (casi ná). Y acabamos en una especie de restaurante Coreano con muy buena pinta.

Fijaos si estábamos dormidos, que ni siquiera nos dimos cuenta de que era un restaurante en el que servían comida muy picante, y eso que las pintadas de la paredes eran un gran indicador del tipo de comida que se servía allí:

Pero por suerte nos dimos cuenta justo a tiempo, antes de pedir nuestra comida. ¡No sé qué hubiese sido de nosotros si nos hubiésemos dado cuenta después! 😂. La verdad es que para lo atontados que estábamos, pedimos unos platos muy ricos:

da lat vietnam

Después de comer nos fuimos a pasear un rato y a descansar. Y más tarde nos pusimos a trabajar un poco, que teníamos bastantes cosas pendientes (desgraciadamente, no podemos estar vagueando todo el día jajaja). Por la noche nos fuimos a cenar y a dar un paseo y pronto para casa.

Al día siguiente nos levantamos prontito, desayunamos y estuvimos trabajando casi todo el día, así que no conocimos prácticamente nada de la city. Pero por la noche teníamos planes interesantes: habíamos quedado para tomar unas cervezas con los chicos de Instagram de los que os hemos hablado antes, Horacio y Mireia, que también estaban viajando por el Sudeste asiático por un tiempo largo.

Ese día sólo pudo venir él, así que estuvimos de cháchara tomándonos unas cervezas (¡yo volví a encontrar mi amada desperados! 😍 Se ve que en Vietnam son algo famosas jaja) y contándonos nuestras vidas viajeras. Después de un par de rondas, plegamos el chiringuito y nos fuimos en busca de cena.

Por el camino, pasamos a comprar unas castañas que habíamos encontrado Yeicob y yo el día anterior (¡castañas! os imagináis un puesto de castañas, como las típicas que hay allí en navidad, pero en medio de Vietnam?) y le hicimos probar el pedazo de manjar que habíamos encontrado. ¡Estaban cojonudas y mucho más baratas que en Bilbao! 🤣

Y cada uno con sus respectivos bolsones de castañas (Mireia flipó cuando las recibió en casa jaja), nos fuimos a comprar unas pizzas para llevar. Pasamos por una panadería a la que ya le habíamos echado el ojo (fuimos sus mejores clientes durante los siguientes días) y compramos bastantes mierdas para hacer cine en casa.

A Yeicob y a mí es algo que nos encantaba hacer cuando vivíamos allí, y con el Chromecast para enviar los capítulos de Netflix a la tele y el frío que hacía, estar comiendo mierdas en la cama nos parecía un plan perfecto para terminar el día. Y así hicimos. Si es que no hay nada como aprovechar cualquier lugar y hacer de él tu hogar, aunque sea por unos días ☺️.

Nuestros días en Da Lat

El resto de días en Da Lat fueron extraños: llovió bastante, así que nosotros aprovechamos para vaguear, trabajar, organizar un poco el viaje por Filipinas (tampoco os creáis que mucho) y quedar con nuestros ya amigos de «No estamos perdidos» (si queréis conocer a esta pareja, podéis seguirlos en Instagram, son lo más).

Uno de los días nos invitaron a su casa a tomar más cervecitas (¡así pudimos conocer a Mireia!) y estuvimos resguardados del frío y en buena compañía: 

da lat vietnam

Al día siguiente tocaba marcharnos pero cómo no, aún nos quedaba casi todo Da Lat por ver (por no decir todo). Peeeero, ¡no sus preocupéis 😜! A estas alturas ya sabéis que aunque nunca organizamos nada, siempre tenemos un as bajo la manga: como íbamos a ir en bus nocturno a Ho Chi Minh y el hotel lo teníamos que dejar por la mañana, aprovecharíamos todo el día para conocer la ciudad.

Último día en Da Lat

En verdad, el motivo por el que no estuvimos visitando la ciudad los días anteriores (además de porque estábamos trabajando) fue porque el tiempo no acompañaba. Se ve que al ser nuestro último día el clima nos quiso dar una tregua, así que pillamos una moto y nos fuimos a conocer los alrededores.

Primero fuimos a la pagoda Linh Phuoc, donde había un templo con varios pisos muy bonito:

Lo más curioso de todo es que en la parte de abajo había una tienda y un caminito por el que te metías y acababas en una especie de túnel del terror muy tétrico jaja:

Y después fuimos a otro templo, muy muy chulo, en el que había un dragón gigante:

Después de visitar aquello nuestra ruta seguía: esta vez íbamos en busca de unas cascadas. Cuando llegamos, descubrimos que para ver las cascadas tenías la posibilidad de bajar en una especie de trenecito (como si fuese una atracción) que tú mismo ibas controlando.

Yo personalmente no pude frenar mi instinto infantiloide y tuve que sucumbir a la tentación de montar en aquella especie de trenecito jajaja.

La verdad es que era algo caro para lo que ofrecía, porque en un principio nos dijeron que la «atracción» duraba como 20 minutos, pero después nos dimos cuenta de que no duraba más de 5, y el resto del tiempo en verdad lo dedicabas a ver la cascada.

Por suerte (o por desgracia para nosotros, ahora entenderéis por qué), después se podía subir de vuelta en él. Os enseñamos un vídeo para que veáis cómo fue nuestro particular Dragon Khan en medio de la naturaleza. ¡La verdad es que moló un montón! 🤣

Y sí, todo fueron risas jiji jaja hasta que de repente, se puso a diluviar mientras estábamos en la cascada. Al principio esperamos un poco, pero al de unos minutos nos queríamos marchar. La cosa es que se podía subir en una especie de ascensor, pero como ya habíamos pagado el trenecito, nos apetecía volver en él.

Lo que no sabíamos y descubrimos demasiado tarde, una vez montados, era que:

  1. La lluvia no había hecho más que empezar.
  2. como mucho, eso subía a un metro por hora.

Así que como dos canelos, estuvimos como 5 minutos bajo el agua, en medio de la selva subidos al puto trenecito y pensando «ya verás… ya verás para secarnos ahora! 🤣».

Cuando por fin llegamos al punto de inicio y nos bajamos, no nos quedó más remedio que sentarnos bajo una tejabana a esperar a que dejase de llover. Porque claro, estábamos caladísimos, hacía frío, y si encima íbamos en moto… íbamos a acabar cogiendo frío fijo.

Pues ahí que estábamos esperando cuando de repente vemos aparecer los mismos trenecitos en los que habíamos llegado, pero esta vez iban con una cubierta y estaban subiendo a los chinos que estaban abajo. Evidentemente todos estaban prácticamente secos.

Y nosotros en plan… ¿En serio que no había ningún iluminado en el recinto para decirnos que esperásemos cinco minutos, que enseguida llegaban los trenecitos con capota? ¿En serio?

Pues no, parece ser que no los había. Así que esperamos allí 15 minutos como tontos, tratando de secar algo que evidentemente no se iba a secar (mis leggins estaban calados) y decidimos que ya era hora de irse de allí. Pero claro, no sabíamos muy bien qué hacer porque eran como las 4 de la tarde y hasta las 12 de la noche no salía nuestro autobús.

Hacía malo, estábamos mojadísimos y no teníamos dónde ir. Y lo peor es que en el bus de la noche íbamos a ir con el aire acondicionado a tope y llegaríamos al día siguiente a Ho Chi Minh enfermos. Fijo.

Así que aquí a la menda se le ocurrió una cosa: «Y si vamos al hotel, le decimos que nos cambie los billetes de bus para el primero que salga mañana por la mañana, nos cogemos una habitación, pasamos por la panadería y compramos mierdas, cogemos otra pizza y hacemos cine en casa calentitos metidos en la cama?»

A Yeicob se le iluminaron los ojos como cuando haces bingo en las tragaperras. ¡Venga te lo compro! Y entonces ya nos la pelaba ir mojados en la moto porque íbamos directos a entrar en calor en la camita, a comer como gordos. Estos éramos nosotros atracando la panadería minutos después:

Nuestra cara de mustios desapareció en cuestión de minutos, más o menos cuando la chica del hotel nos confirmó que podíamos quedarnos una noche más y que podíamos cambiar nuestro bus para el día siguiente.

Así que os podéis imaginar qué hicimos después de comprar las mierdas, ¿no? Una ducha calentita para entrar en calor y a meternos en la cama a zampar como si no hubiese mañana. ¡Esto sí que es vida! 🤣

La verdad es que fue una buena despedida de la ciudad. Una ciudad que nos gustó mucho y que al igual que con Quy Nhon, al no tener expectativas nos sorprendió gratamente. Además hicimos amiguitos nuevos. ¿Qué más podíamos pedirle a la ciudad?

Si no te quieres perder nuestra última parada de nuestro paso por Vietnam, ¡no puedes perderte nuestra siguiente aventura! ¡Chaíto!

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Da Lat: La divertida ciudad con microclima
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