Ya estamos de nuevo con nuestras aventuras de viaje, ¡esta vez por Filipinas! ¿Quieres saber cómo nos va por el país? ¡Sigue leyendo!

De Ho Chi Minh a Manila

Después del microinfarto que casi nos da en Ho Chi Minh cuando no querían dejarnos embarcar, pudimos pasar a la sala de embarque. Ya todo era coser y cantar, estábamos felices, estábamos tranquilos y con muchísimas ganas de empezar a conocer Filipinas pero… ¿qué haríamos después de Manila?

Lo cierto es que esto de no organizar a veces lo llevamos a rajatabla y eso implica que de vez en cuando tengamos agobios innecesarios. La idea principal de llegar a este país era que Yeicob pudiese encontrar un trabajo y vivir la vida durante unos meses en una islita paradisiaca. Pero la realidad no tuvo nada que ver, ni muchísimo menos. Pero eso ya os lo iremos contando poco a poco. Todo a su debido tiempo.

Por fin llegamos a Filipinas

El caso es que llegamos a Manila a eso de las 6:30am muertos de sueño. Para pasar por inmigración y entrar oficialmente en Filipinas, necesitábamos dejar reflejado el hotel en el que nos alojaríamos, pero evidentemente, no teníamos nada reservado. Bueno… vamos a mirar en internet cualquier hotel y ponemos el nombre.

Carapanes al poder

Conecté el wifi y me di cuenta de que para utilizar el wifi del aeropuerto necesitaba recibir un código por sms a un número filipino, y como nosotros aún no habíamos pasado el control de inmigración, no podíamos acceder a ninguna de las tiendas donde vendían las tarjetas.

Estábamos en un bucle sin salida, pero yo creo que estaba tan cansada que ni me apetecía agobiarme. Así que de repente se me iluminó la luz y fui donde unos trabajadores del aeropuerto. Les enseñé el móvil y les dije «oye mira, que no me puedo conectar a internet». Y ellos tan simpáticos (más tarde descubrimos que los filipinos son un encanto) pusieron su número de teléfono para recibir el código de activación. Así que sólo tuve que poner el código en mi móvil y por arte de magia, ya tenía wifi. ¡Listo!

Primer paso hecho. Ahora sólo quedaba buscar un hotel para ponerlo en la hoja de inmigración. Listo. Nos ponen el sello para estar 30 días sin visado por el país y nos quedaba el siguiente punto: comprar una tarjeta sim para tener internet. Pagamos 10€ para comprar una tarjeta con 4G y nos quitamos otra cosa más de la lista.

¿A dónde vamos ahora?

Ahora resulta que estábamos plantados a las 7:30 de la mañana en medio del aeropuerto sin ningún sitio al que ir. «¿Y a dónde coño vamos ahora?» Se nos ocurrió ir a tomar un café para despejar un poco la mente y poder reservar algún alojamiento.

Mientras esperábamos a que ese café que estaba como a 200 grados se enfriara un poco, nos pusimos a mirar alojamiento y acabamos encontrando por Airbnb un par de apartamentos pequeñitos en una zona súper céntrica y por un buen precio. Ala, vamos a reservar alguno de estos. Y cuando fuimos a reservar, vimos que el check in era como a la 1 del mediodía.

Así que no nos quedó otra que escribirles a los dos a ver si alguno nos dejaba hacer el check in antes (porque si no, ¿qué íbamos a hacer tantas horas en la calle y muertos de sueño?).

Tardaron un rato en contestarnos y desgraciadamente nos dijeron que no era posible, que la hora de entrada era inamovible. «Vaya mierda» pensamos. Pero era lo que había, así que reservamos uno y nos pusimos a hacer el gamba en el aeropuerto y a pensar qué plan teníamos después de Manila. Pero nuestra cabeza no daba para mucho.

Resulta que Filipinas es un país muy difícil de recorrer si no lo estudias bien con antelación, porque las islas están muy esparcidas y su geografía no te permite seguir un camino por inercia. No puedes decir, bueno pues hacemos el país de norte a sur, o de este a oeste. No. Aquí llegas y tienes más de 7.000 islas desperdigadas y en internet no haces más que leer diferentes nombres y te quedas como bloqueado.

Y además, dar con la isla adecuada en la que Jacobo encontrase trabajo era como dar con una aguja en un pajar. Y eso nos estresaba bastante.

El caso es que ahí nos quedamos en el aeropuerto, esperando y pensando (más lo primero que lo segundo), porque tampoco queríamos ir hasta el apartamento con todos los bártulos a esperar en medio de la calle haciendo nada.

Y al final, al de un par de horas, no podíamos más y cogimos un grab para que nos llevase hasta allí. Después de media hora durmiendo en el taxi, cuando llegamos vimos que había un McDonald´s al lado y allí fuimos de cabeza. Nos comimos unas hamburguesas y entonces ya sí que sí, no podíamos más. Y nos quedamos agonizando en las mesas de fuera (porque dentro hacía un frío horroroso con tanto aire acondicionado) medio dormidos y deseando que llegase la hora.

Cuando por fin llegó nos pusimos a dar saltos de alegría (mentalmente, porque físicamente no teníamos ganas ni de andar) y fuimos hasta allí. Era un bloque de apartamentos parecido al que estuvimos en Kuala Lumpur, aunque eso sí, sin piscina infinita en la terraza jaja. Hicimos el check in en un momento y subimos a la habitación.

Era pequeña, sí, pero más que suficiente y además con unas vistas muy chulas a la ciudad. No exagero si digo que nos quedamos prácticamente el día durmiendo y vagueando jaja.

Dudas existenciales

Al día siguiente llegaba «lo más duro». ¿A dónde coño vamos a ir después? Estábamos muy saturados, la verdad. Porque si nuestra idea hubiese sido sólo viajar, más o menos podríamos seguir una ruta. Pero la idea era encontrar trabajo y a la vez ir viajando y conociendo sitios. Demasiado fácil pensarlo pero demasiado difícil ponerlo en práctica.

Estuvimos leyendo mucho para encontrar los destinos más top de buceo (así tendríamos un punto de partida) pero realmente en internet no encontrábamos ninguna escuela que fuese de la certificadora de Yeicob (SSI) y eso nos complicaba realmente las cosas. No podíamos ir como bobos dando vueltas de una isla a otra, sin rumbo fijo, a probar si había escuelas de SSI. Pero tampoco podíamos quedarnos eternamente en Manila.

Y ese miedo a no encontrar y a empezar tan de cero otra vez, sin tener mucho dinero y con la necesidad de trabajar urgentemente, era lo que nos hacía estar un poco paralizados y a la expectativa.

Pasaron varios días en los que estuvimos sin hacer nada, descansando nuestras mentes, pensando qué íbamos a hacer con nuestra vida. Parece una tontería, pero empezar de cero cada dos por tres a veces se hace realmente duro. Y esta fue una de esas veces.

Al de unos días, decidimos por fin un destino: Coron. Allí se buceaba y estaba cerca de Manila. Era un buen destino para conocer (se hablaba de él en todas partes) y después podríamos pasar a la isla de Palawan que estaba al lado y que además era súper turística y otro destino de buceo.

Cuando por fin empezamos a investigar cómo llegar, descubrimos que desde Manila sólo había un barco a la semana pero sólo salía los viernes, así que no nos quedó otra que esperar varios días más en la capital hasta que llegase el dichoso viernes.

Tuvimos que esperar varios días más, sí, pero como ya habíamos decidido nuestro siguiente destino, estábamos como más tranquilos. Nos fuimos a conocer la ciudad (que no es tan fea como muchos piensan) y vimos toda la parte histórica de Intramuros (de cuando a los españoles les dio por invadir Filipinas), conocimos el barrio chino más antiguo del mundo, dimos paseos por parques muy chulos y vimos la puesta de sol desde el malecón.

Otro día nos fuimos de centros comerciales. Allí me compré unas gafas de sol que necesitaba urgentemente, me olvidé el móvil en los probadores de H&M y por suerte lo pude recuperar (casi me da algo), me compré algo de ropa de verano (aquí al menos no vendían abrigos de pelo estando a 35 grados como en Ho Chi Minh)… etc. El pobre Jacobo sólo venía de acompañante para hacer apoyo moral jaja.

El caso es que por fin llegó el viernes. Por fin llegó el día de coger el barco y cruzar a un destino que aunque sabíamos de ante mano que era súper turístico, prometía mucho.

Cogimos nuestras cosas y pillamos un grab para que nos llevase hasta el puerto. Allí cogeríamos un barco al medio día y no llegaríamos hasta la mañana siguiente a Coron.

¿Queréis saber qué tal nos fue? ¿Si nos gustó? ¿Si pudimos disfrutar de la isla? ¡No te pierdas nuestro siguiente episodio!

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Dudas existenciales en Manila
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