Nuestra ruta seguía por el sur básicamente porque queríamos ver el fuerte holandés de Galle. Aunque por varios motivos, nuestra visita express duró bastante menos de lo que nos gustaría.

LOS FAMOSOS ZANCUDOS

Nos dirigimos a Galle con una mezcla de sentimientos: por un lado estábamos con pena por marcharnos de Welligama y habernos despedido de Artur y Miren, por otro lado yo seguía encontrándome mal, quedaban dos días para devolver a Pegasus y encima no hacía más que llover. Ya estábamos cerrando la ruta y quedaba poco para terminar la visita por nuestro segundo país.

Por el camino conseguimos ver a los famosos pescadores zancudos. ¿No conocéis su historia? Este estilo de pesca es un método tradicional que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, época en la que había escasez de comida y los pescadores usaban las barras de hierro utilizadas durante la guerra para poder entrar en el mar y pescar sobre los arrecifes, subiéndose a ellas.

Por lo visto, luego cambiaron estas herramientas por palos de madera, y la imagen de los pescadores subidos a éstos es una de las más típicas del país. La verdad es que nosotros no conocemos muy bien la historia ya que tampoco se sabe a ciencia cierta de dónde proviene esta tradición, así que os contamos ésta, que parece la opción más realista.

La verdad es que no pudimos pararnos a apreciar lo curioso de este tipo de pesca, ya que en cuanto empezamos a reducir la marcha, un hombre empezó a hacer aspavientos con los brazos y casi casi viene corriendo donde nosotros. ¿Para qué? Pues para cobrarnos por el simple hecho de hacerles una foto.

Algunos puede que estén de acuerdo con nosotros y otros puede que no, pero sinceramente, nos parece excesivo tener que pagar por hacerles una foto, cuando ellos simplemente están en el mar… pero bueno. Habrá diferentes puntos de vista sobre ésto. Nosotros ni siquiera paramos, hicimos una foto como buenamente pudimos y seguimos la marcha hasta Galle.

fuerte holandés de Galle

Por el camino intentamos coger un hotel que fuese bastante decente para que pudiese descansar y dormir bien. Yo creo que seguía con fiebre y esos vientos que me soplaban en la cara montada en Pegasus no me sentaban muy bien precisamente. Aunque bueno, al menos íbamos disfrutando de las vistas tan bonitas que nos ofrecía la costa (una pena la lluvia del fin del mundo que apareció de un momento a otro).

LLEGAMOS A GALLE

Llegamos al hotel y… de repente vemos que está cerrado. Ni un cartel, ni un número de teléfono ni ná. Mira que siempre reservamos hoteles que se puedan cancelar, pero este casualidad no era uno de ellos. ¿Y si nos quedamos tirados? ¡Necesito tumbarme en una camaaa! Tampoco podíamos buscar otro hotel porque éste íbamos a tener que pagarlo sí o sí (lo que nos faltaba, si fue el hotel más caro de todo el país 🤣) y de repente vimos que el dueño nos había mandado un email preguntando a ver cuándo íbamos a llegar.

Claro, nosotros no lo habíamos leído, y mucho menos contestado. Así que sólo quedaba esperar. Y esperamos y esperamos y por fin apareció el hombre. Descubrimos que no era un hotel, si no un piso en la parte superior de su casa con varias habitaciones y baño compartido. Meeeeeh. Menos mal que éramos los únicos y teníamos el baño para nosotros solos, porque tal y como me encontraba… me apetecía compartir el baño ¿qué te diría yo…? entre nada y nada de nada.

Total que subimos las cosas a la habitación y yo me quedé dormida como un tronco, para variar (esta vez creo que me lo merecía ¿no?) y nos fuimos a cenar. Yo no tenía ni gota de hambre, pero conducir Pegasus de noche, con el diluvio universal que estaba cayendo, la gente conduciendo como loca y encima intentando orientarse con el GPS que parece que apunta a todos los sitios menos al que tiene que apuntar… ¿cómo iba a dejar a mi amado ir allí sólo? Digo éste no vuelve sano ni de coña. Y allí que fuimos, en vez de conduciendo casi casi remando.

HISTORIAS PARA NO DORMIR

Llegamos de nuevo a la habitación: y mata mosquito por aquí, mata bicho por allá… lo típico, nada nuevo bajo el sol. A decir verdad no era lo que esperábamos, pero la habitación estaba limpia, era bonita y fresca. Pero sobretodo muy silenciosa. Algo que agradecer en este país. Creíamos que a estas alturas habíamos visto todo lo que teníamos que ver en cuanto bichos se refiere.

Pero el destino nos tenía una jugada preparada 😈 (muahahaha qué maligno él, ni siquiera era la última).

Vamos tan pichis a lavarnos los dientes y de repente… grito de Jacobo. ¿¡Pero qué pasa!? Se choca con el armario. ¿Pero qué coj…s pasa? ¡Ahhhhhhhggg! Una cucaracha GORDA, pero bien GORDA saliendo de… ¿a que no sabéis de dónde?

¡¡Del puto neceser de los cepillos de dientes!! WTF!? ¿En serio me estás diciendo que eso estaba ahí? Pero… ¡pero si llevamos sin abrir la mochila desde hace horas…! de hecho la última vez que lo hemos usado ha sido por la mañana… en el otro hotel… O sea me estás diciendo que ESO lleva horas refrotándose contra las cerdas de nuestros cepillos de dientes? ¿Esos que usamos para limpiarnos nuestras preciadas bocas? Esto ya es demasié 😤.

A todo esto la cucaracha (que nos jugamos el cuello a que era la hija de la madre de las cucarachas que se encontraba en la puerta de la cocina del otro hotel) corriendo por el suelo de un lado a otro, Jacobo intentando matarla y que no podía. Y de repente desaparece. ¿Dónde está? Ni rastro. Esta cabrona se ha escondido. Yo la he visto aquí la última vez. Y yo aquí. Ahí estábamos, acotando el perímetro: la silla y sus alrededores. Cogemos la camiseta y… ¡uno, dos y tres! La sacudimos y nada, que no cae.

Cogemos la otra y más de lo mismo. Nada que tampoco. Así con todo. Empezamos a investigar y a investigar porque sabíamos que estaba en la silla pero no sabíamos dónde. De aquí no ha salido ni va a salir. Y de repente… ¡ahí está! Estaba escondida la tía, mimetizada con la madera, como todas, debajo del asiento entre la estructura de la silla.

Era dura de pelar pero al tercer intento falleció (R.I.P.). No sabemos si lo sentimos o no, pero nuestro nivel de tolerancia tiene un límite y el nuestro con las cucarachas se merece el Nobel de la paciencia. Pues nada. Ahí que nos quedamos sin lavarnos los dientes, y sin cabezales para nuestro cepillo eléctrico que igual es un poco pijo, pero a nosotros nos encantaba (R.I.P. a vosotros también pequeñuelos). Y nos dormimos. Yo estaba muerta, y esa escena de la cucaracha era ya lo último que me faltaba por ver.

DESPERTANDO EN GALLE

Por la mañana me levanté con un buen chute de energía. ¡Bieeeen! Ya no me encontraba mal, pero tenía la tripa para Cuenca (me da a mi que voy a pasar por todos los estados). Nos sentamos a desayunar y yo pensé mmmm qué rico tostadas con zumo y café, por fin como algo (llevaba horas alimentándome a zumos).

Y de repente me plantan en la cara un plato de noodles con verduras a las 8 de la mañana. ¿Es coña no? Pues no, no lo era. Era mi desayuno. Y Yeicob the salvatore vino al rescate, añadiendo a su plato gigante la mitad del mío. ¿Queréis que os cuento un secreto? Sé que la comida no se tira y que además es de muy mal gusto… pero no tuve más remedio que deshacerme de la otra parte del plato…

Me sentí fatal pero eso sí, lo hice a escondidas, el pobre hombre lo había hecho con toda su buena fe, pero tal y como tenía yo la tripa era imposible que me comiese eso. Me tomé el zumo y el café y esperé a que mi cuerpo se portase bien y no lo expulsase 😌.

fuerte holandés de Galle
Edificios de estilo colonial
fuerte holandés de Galle
Panorámica de “más allá del muro”

VISITANDO EL FUERTE HOLANDÉS DE GALLE

Jo qué buen día hace hoy, qué pena no poder visitar Galle, ¡con lo bonita que es!. Cargamos todo en Pegasus y creyendo que no íbamos a visitar nada nos fuimos con todos los bártulos al fuerte holandés.

Cuando llegamos nos quedamos con cara de tontos: las vistas preciosas y nosotros sin poder dar ní un triste paseo porque teníamos a Pegasus hasta arriba. Y claro, tampoco era plan de confiar en la bondad de la gente y dejar todas nuestras pertenencias ahí sin vigilancia.

fuerte holandés de Galle

Así que ahí fuimos, por turnos, a asomar la cabeza y contemplar un poco las vistas. Y ya diréis, ¿y por qué no volvisteis al hotel a que os guardasen las cosas mientras visitabais la ciudad?

fuerte holandés de GallePues lo pensamos, pero tampoco teníamos mucho tiempo (queríamos ir hasta Colombo y pasar nuestra última noche con Pegasus allí), y entre ir y venir al hotel perderíamos el poco tiempo que teníamos.

Así que dimos unas vueltas por aquí y por allá, por las zonas de interés y decidimos marcharnos con mucha pena por no haber podido disfrutar más de esa ciudad que prometía tanto. Y mientras nos despedíamos y salíamos de la muralla, nos dio por mirar al cielo con la cara mustia.

¡Ostras! ¿Y estas nubes? Ya verás la que va a caer. Entonces se nos quitó la pena de golpe. Imagínate que nos llegamos a quedar un día más (estuvimos a punto de hacerlo), pagamos el hotel y se nos pone el día así. ¡Buf! Nos da un mal.

Pues nos fuimos, con una sonrisa picarona porque llovía y habíamos tomado la decisión acertada, rumbo a Colombo: la capital del país. (Bajo estas líneas, la secuencia de la lluvia con un intervalo de cinco minutos 😂).

¿CUAL SERÁ EL PRÓXIMO DESTINO?

¿Habéis tenido la suerte de visitar Galle? ¿Qué os pareció? ¡Podéis contarnos vuestras experiencias en la ciudad en los comentarios! Y si queréis seguir leyendo nuestra historia, y esta vez sí, la última aventura del país, podéis pinchar aquí. ¡Nos vemos! 👋🏼

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Visita express al fuerte holandés
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2 Comments

    • Jajajajajaja pues no te creas… sería una buena fuente de ingresos 🤣🤣🤣🤣 qué bien que nos leas, creo que eres la única averiada que lo hace 🤣

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