En nuestra anterior crónica te contábamos que Yeicob se había puesto enfermo (pero enfermo de verdad) así que no podía salir de la habitación más que para lo justo y necesario. Los dos días anteriores habíamos estado con Maxi, pero él se había vuelto a Koh Tao y este ya era nuestro último día completo, así que no me quedaba otra que ir a investigar Koh Rong Samloem por mi cuenta. Yo, que soy una cagada de la life, me iba a meter sola por la jungla. ¿En serio? Siiiip, en serio.

Lazy beach, allá que voy

Más o menos el plan sería ir a la otra punta de la isla (selva de por medio) para conocer un poco esa zona, a la que sólo se puede acceder en barco o dando un paseo como el que iba a dar yo. Había leído que por ese camino había animales salvajes rollo monos, arañas y serpientes pululando por ahí pero yo más o menos iba tranquila: había ubicado en el mapa dónde estaba y hacia dónde tenía que ir.

naturaleza selva monos koh rong samloem

El trayecto no estuvo nada mal, tuve algunas dudas sobre qué camino seguir en alguna que otra bifurcación pero mi orientación espacial se portó bien, así que conseguí llegar a la primera. Una foto por aquí, otra por allá, litros de sudor cayéndome por todos lados (qué humedad y qué calor madre mía) y en media hora estaba allí.

¡Qué gozada! No había ni piter, y aunque sí es cierto que la arena era más anaranjada y no lucía tanto como la playa en la que estábamos nosotros, realmente seguía siendo súper bonita.

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El book de fotos

Me di un paseo por ahí y pensé: aquí tengo que hacerme unas fotos molonas. Como el mandito a distancia para hacer fotos no tenía pilas tuve que agudizar el ingenio, y después de un buen rato mi trípode consistió en esto: una cuerda alrededor del móvil enganchada a una botella de plástico para contrarrestar el peso y subido en la rama de un árbol. Tal cual.

Pues así acabé haciéndome unas 80000 fotos sin sentido (porque claro, era disparar una foto, tener 10 segundos para ir corriendo, posar haciendo como que no poso, y volver corriendo a ver qué tal había quedado). Total, no tenía nada mejor que hacer 😂.

Como era de esperar, con esa técnica y ese trípode me quedó un book bastante penoso, pero por suerte para mi conseguí hacer alguna foto muy chula. Así que una vez terminé el book, me di un baño y me puse a la sombra a ver unos capítulos de esa serie moñas.

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Hoy me he ido a investigar esta isla tan chula. He andando sola por la jungla, me he acojonado con un mono que me ha mirado con cara de pocos amigos y me he entretenido haciéndome unas cuantas fotos 😆 • Lazy beach, la playa a la que he ido hoy es suuuuuper tranquila (¿qué no lo es en esta isla?) y curiosamente, tiene la arena bastante más rojiza que la playa de Leng Meng. Día perfecto para terminar el fin de semana. • ¿Cómo ha ido el vuestro? • #cronicasdeunamochila #camboya #cambodia #cambodian #paradise #paraiso #playa #sudesteasiatico #sudesteasiaticoparamochileros #mondofotodelmes #malabaresdeviaje #mifotoporelmundo #mapa_viajero #holamundo #travelcommunity #travelingcouple #traveladdict #travelguide #travelthroughtheworld #passionpassport #blogdeviajes #travelislife #backpackerlife #periodistasdeviaje #traveloct18 #beach #playa #kohrongsamloem

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Simio attack

En una de éstas, me dio por girarme y de repente vi un mono en los árboles de al lado. Y ahí que fui, ilusa de mí, a grabar el acontecimiento. El mono estaba tan tranquilo comiendo no sé qué, pero de la que me vio, dejó lo que estaba haciendo y se movió bruscamente hacia mí. Yo me puse a gritar como una loca pensado que venía a por mí, a quitarme el móvil o a hacerme cualquier cosa, rollo paranoica total.

El corazón se me puso a mil y me fui corriendo. Muy penoso todo, sí. Por suerte, como estaba vacío, nadie vio esa escena tan ridícula. Aquí podéis ver el vídeo, en el que parece que el mono no hace nada, pero si os fijáis justo después, en la cámara lenta se ve cómo se gira hacia mí con cara de asesino en serie.

Después de coger todas mis cosas como si no hubiese mañana, me di la vuelta para ver si el mono me seguía, pero evidentemente no era así (si te descuidas seguía ahí en las ramas, partiéndose el culo). Así que yo ya pude quedarme más relajada y seguir a lo mío. O al menos eso intentaría, porque el miedo se me había metido en el cuerpo y yo con lo acojonada que soy, ya no volvería a estar tranquila.

Después de un capitulito a la sombra y dos o tres baños de por medio decidí irme a comer. A este paso se me iba a hacer tarde y bajo ningún concepto quería que se me hiciese de noche. Saliendo de la playa me encontré con un bar que tenía buena pinta y como la comida no era demasiado cara, me quedé allí a comer y así aprovechar a probar un restaurante diferente.

Me relajé, me vi otro capítulo con el mar de fondo y cuando dieron las 17:00h dije ¡Uy! Me voy a marchar que a este paso se me hace de noche (a las 18:00h ya empieza a anochecer). Y me fui, un poco acojonada, a cruzar la selva de nuevo.

Cuando tu mente es peor que una peli de miedo

Cada vez estaba como más oscuro y cuanto más me adentraba en el camino, más miedo iba sintiendo en el cuerpo. Jacobo siempre me dice que estoy un poco loca y en momentos así no me queda otra que darle la razón jaja. Entre mi miedo y que no veo un cojón, mi mente me estaba jugando malas pasadas.

Cuando oía ruidos entre las ramas de los árboles yo pensaba ¿serán monos? y me imaginaba un montón de monos juntándose en las copas de los árboles y persiguiéndome (¿?). Después las formas de la naturaleza de repente me parecían cosas raras ¿qué hace una persona ahí sentada entre los árboles? y era un tronco partido por la mitad. Os juro que por un momento pasé miedo de verdad y estuve a punto de darme la vuelta para coger una barca y pagar los 10usd que costaba el trayecto hasta mi playa. “Venga tía no seas cutre”. Y así, poco a poco, me iba animando a mí misma.

¿Y si me ataca un mono qué hago? ¡No tengo ni puta idea de qué hacer! El miedo y la paranoia se habían apoderado de mi así que yo cada vez iba más y más rápido. Imaginaos la velocidad a la que iba, que tardé en hacer el camino “crítico” unos 10 minutos, cuando a la ida tardé como media hora. Y no exagero. La sudada que llevaba encima era digna de foto  jajaja.

Si alguna vez pasáis por allí diréis “esta chavala no es normal”. Porque miedo, lo que se dice miedo, tampoco da. Y estoy segura de que si hubiese ido con Jacobo nada de esto me habría pasado. Pero no sé, el sentirme ahí tan sola, tan vendida ante la naturaleza, sin cobertura y sin nada, me hacía tener un miedo que te cagas.

Cuando salí de la zona “hostil” ya pude volver a respirar tranquila y cuando llegué a donde Yeicob, él se reía mientras le iba contando mi paranoia mental. Ya se encontraba algo mejor, pero por desgracia era nuestro último día y no había podido aprovechar nada la isla.

Estuvimos un ratito en la playa y cuando se empezó a hacer de noche nos pegamos una ducha y a cenar. Íbamos a marcharnos al día siguiente y nosotros no sabíamos ni a qué hora salía el barco ni hacia dónde iríamos. ¿Qué raro no? Muy en nuestra línea 😂.

Los días en Koh Rong Samloem habían sido raros. No pudimos disfrutarlos como nos hubiese gustado pero aún así, nos quedamos con lo bonita que era y pensando que algún día volveríamos allí.

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