Teníamos bastantes dudas sobre nuestro destino. Era viernes 13 (no somos supersticiosos) y al día siguiente teníamos que devolver a Pegasus. No sabíamos muy bien cuál iba a ser el plan, así que trazamos el siguiente:

Llegaríamos a Colombo el mismo día. Dormiríamos allí, visitaríamos la ciudad y conoceríamos a unos amigos de mi aita que viven allí y con los que queríamos coincidir. No sabíamos muy bien el orden, pero al día siguiente conduciríamos hasta Negombo para devolver a Pegasus (ay qué penita nos va a dar). ¿Cuál era el problema? Que hasta el lunes por la noche no salía el vuelo barato a Bangkok. ¿Y qué hacíamos allí dos días, sin vehículo para movernos, en una ciudad en la que ya habíamos estado dos días y medio y tampoco teníamos mucho más que hacer? Se nos iba a hacer muy pesado. Y nos queríamos ir con un buen sabor de boca del país. Y últimamente la lluvia nos había minado un poco la moral (como al Recio).

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Edificio en Galle

Por el camino fuimos buscando hoteles en Colombo para poder pasar la noche. ¡Pero qué caro todo! Se nos iban quitando poco a poco las ganas de quedarnos allí. Los amigos de mi aita llegaban al día siguiente de una feria en Indonesia, y nos propusieron quedar en Negombo cuando saliesen del aeropuerto. ¿Qué hacemos? Esa pregunta no dejaba de retumbar en nuestra cabeza. Nos estábamos empezando a cansar del país (pobrecito él, ¡si no nos había hecho nada!) y ante todo queríamos irnos con un buen recuerdo de allí. Pero es que esas lluvias… y ¡ay Bangkok! ¡Con lo que te queremos! Nos moríamos de ganas por ir allí.

 

CUANDO NO TENER PLAN SE CONVIERTE EN EL MEJOR PLAN

Así que por el camino, de forma silenciosa y sin emocionarme demasiado por si las moscas, empecé a buscar vuelos a Bangkok desde Colombo. ¡Alguno tiene que haber! Y de repente… ¡Cariiii que hay un vuelo! ¿Un vuelo a dónde? ¿A Bangkok? ¿Cuándo? ¿Por cuánto? ¡CÓMPRALO YAAA! Y es que nos había tocado el premio gordo: teníamos un vuelo que salía al día siguiente por la noche. ¡ES PERFECTO! ¿Nos vamos? ¿En serio que nos vamos a Bangkok mañana? ¿Así de repente? ¡Venga vale! Y nos empezó a entrar una emoción en el cuerpo que nos desbordaba por las orejas. Paramos en una esquina de la carretera para poder comprar los billetes. Que si cambia la tarjeta SIM para recibir el pin del banco que autorice la compra, que si el movil no funciona, que si ahora no me llega el mensaje, vuelve a cargar la búsqueda… ¡ay ama! ¿Y si no conseguimos comprarlo? ¡Menudo bajón nos va a entrar! Llovía a cántaros pero nos daba exactamente igual. Y cargando, cargando… Compra realizada con éxito. ¡Que nos vamos! 🎉🎉🎉🎉🎉 Y de un momento a otro cambiaron todos nuestros planes. Al fin y al cabo, para eso viajamos sin ellos, ¿no? Para hacer lo que realmente queremos en cada momento. Y eso era lo que más deseábamos. Y de repente, de un momento a otro, el plan no podía ser más perfecto:

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Driving in the jungle

Conduciríamos hasta Negombo (¿y la lluvia? ¿Y si se hace de noche? ¡Nos daba exactamente igual!) y haríamos noche allí. Al día siguiente descansaríamos, organizaríamos todo, dejaríamos a Pegasus, quedaríamos con los amigos y al aeropuerto! Estaba chupado. Estábamos más que felices. Un poco más y Pegasus cogía vuelo para ir por las nubes. ¡Qué subidón! 🤣.

Y de repente la lluvia nos hacía gracia, el tráfico, las horas interminables hasta llegar a Negombo, los conductores kamikazes… Porque nos íbamos ¿a dónde? ¡A BANGKOK! Y así todo el rato. Íbamos más felices que unas perdices, con una sonrisa de lado a lado que nos iba a estallar la cara de la emoción.

No paraba de llover (¿pero qué le pasa a este país?) y había un tráfico entrando a Colombo que te querías morir. Y nosotros nos quejábamos del resto de ciudades. JÁ. Eso era el no va más de la ciudad sin ley. Había momentos en los que pensaba seriamente ¿Algún día saldremos de esta ciudad? El pobre Pegasus en parte era culpable ya que con él no podíamos ir por la autopista (por si no os lo hemos contado, nos echaron de un peaje) así que no quedaba más remedio que tirar por el centro y las carreteras secundarias. (Tampoco íbamos a echarle la culpa, con lo que le queremos y con lo felices que nos ha hecho durante todo el viaje…)

Así que hartos de tanto tráfico (harto él, que yo iba atrás como una marquesa porque yo ahí no conduzco ni loca, sólo falta que nos demos un golpe el día anterior a devolverlo) paramos en un BurriKing para comer algo, y esperar a que pasase la hora punta del tráfico. (Menos mal que nuestros planes habían cambiado y ya no había nada que pudiese con nosotros, porque esa lluvia infernal y ese tráfico… mataba de un sopapo a cualquiera que se le pusiese por delante). Pero nosotros estábamos felices.

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Celebrando mes-aniversario de viaje

Y poco a poco se hizo de noche, así que decidimos seguir tirando hacia Negombo, en busca del hotel que habíamos reservado por el camino. Menudas riadas había en los callejones (por ahí no se podía pasar ni andando) y cuando llegamos nos recibieron con un zumo de bienvenida. ¡Así sí! Me tumbo en la cama y Jacobo… ¡ahh! ¡Cuidado! Y yo ¿quééé? ¡Una cucaracha corriendo por la almohada! JODEEERRR ¿Ya empezamos? ¡Qué asco! Llamamos al de recepción y de un golpe seco la atrapó con la mano (¿en serio que le cabía ahí?) y se la llevó a no sabemos dónde. Nuestro recuerdo nos dice que vimos alguna otra por la cama correteando (ya ganas de vomitar) pero creo que nuestro cerebro lo ha borrado de nuestras mentes para darnos un respiro. Y nos fuimos a cenar con Pegasus bajo la lluvia, ya que iba a ser nuestra última noche todos juntos (y con esa lluvia imposible ir andando).

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Era bonita y estaba muy limpia, pero dentro albergaba el mismo horror que en todas… 🙀

Llegamos al hotel con un calor horroroso, nos pusimos una peli en el iPad y a dormir. De eso que me voy al baño y cuando salgo noto que me cae algo gordo y duro en la cabeza. ¡Plas! ¡Ahhhh! La meneo y algo me clava sus putas patas en la nariz. ¡AAAHHHHHHH! Me cae al brazo, estiro el brazo como pegando un puño al aire y veo que lanzo una cucaracha gigante al suelo y que se va corriendo. ¡No tío! ¡Eso no! ¡Mi cabeza y mi cara noooo! ¡No puede seeerrr! Yo ya no podía más. ¿Ahora quien es el guapo que se atreve a dormir ahí? ¡Cari tío que me ha caído una cucaracha en la cara y me ha clavado sus patas! ¿Y dónde está? No lo sé, la he visto meterse por debajo de las cortinas. ¿Dónde estará? Y buscando y buscando y no aparecía la muy… Yo así no puedo dormir. Ni yo. A ver si por la noche se me va a subir al cuerpo, o a la cara… o… o yo qué sé. Qué asco. Y nos pusimos a buscarla como locos por debajo de la cortina. La meneábamos y nada. Iluminábamos con la linterna y nada, que tampoco. Tiene que estar ahí. Y de repente la veo, como hacen todas ellas para salvar su pescuezo, estampada contra la madera quieta y camuflada, como si no existiese. A ver si me libro pensaría. ¡PLAS! Zapatillazo. Pues no, no te vas a librar. Y nosotros tampoco conseguimos librarnos de su imagen. Ni yo de la sensación de sus zarpas clavadas en mi nariz. Ay pero qué asco. De verdad. Me puse a mirar en internet a ver qué hacían las cucarachas. Que eran focos de bacterias y de enfermedades decía… me empezó a dar demasiado yuyu, y cada vez me entraron más paranoias sobre dormir ahí. Así que apagué el móvil e intenté dormirme. Sí claro… como que era tan sencillo. Me costó un par de horas pero al final lo conseguí.

ÚLTIMO DÍA EN EL PAÍS, ¡AHORA SÍ QUE SÍ!

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Llovía con ganas, sí.

Nos despertamos y fuimos a desayunar. ¡Qué apetecible tostaditas! Pues nos ocurrió como el día anterior: Noodles. Yo ya ni me planteaba comérmelos, y cari al rescate se comió los dos platos como un campeón. Llovía sin parar, así que nos pusimos a mirar condominios en Bankok para alquilar y poder pasar allí una larga temporada. Preguntamos a ver a qué hora era el check out. A las 16.30h dice. ¡Huy qué bien, ya tenemos sitio donde pasar el día!

Así que nos fuimos a comer al Mr. Crab, restaurante donde hicimos nuestra primera comida en el país (ni que estuviésemos cerrando un círculo en el tiempo) y nos fuimos al hotel de nuevo. De verdad que llovía como si se fuese a acabar el mundo. Nosotros que somos muy listos para lo que queremos, habíamos visto en la reserva que el check out era a las 18.00h así que nos hicimos los tontos, que eso se nos da muy bien y le volvimos a preguntar. ¡Y yuhu! Ya teníamos sitio para echar la siesta y todo. Hablamos por la mañana con los amigos de mi aita y quedamos con ellos en Negombo sobre las 18.30h. De verdad, que llegamos a intentar planearlo más perfecto y no nos sale. Así que nos echamos la siesta, dejamos la habitación, llevamos a Pegasus y nos despedimos de él (por favor que no nos digan nada por los arañazos de los monos) y nos fuimos a tomar algo al bar de al lado mientras los amigos nos venían a buscar.

Y aquí vamos a hacer un breve inciso y vamos a dedicarle unas bonitas palabras:

Oh Pegasus Pegasus,

qué hubiese sido de nosotros sin ti,

Recorrimos kilómetros y kilómetros montados sobre ti.

Aunque fuiste atacado y en una cuesta te quedaste tirado,

Todas nuestras experiencias te las debemos a ti. 

Oh Pegasus Pegasus,

siempre te querremos, nunca nos olvidaremos de ti.

Nos recogieron y nos fuimos a una cafetería a tomar algo, donde compartimos experiencias, hablamos sobre nuestros respectivos trabajos, nuestro nuevo plan de vida, recomendaciones de otros países, debatimos sobre la actualidad y llegó la hora de despedirnos.

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Compartiendo opiniones in inglis pitinglis

Nos invitaron a volver al país y poder conocer la fábrica que tienen en Kandy (una pena no haberla podido ver) y… ¿A que no sabéis a dónde nos llevaron? Al aeropuerto. Si es que tenemos una suerte… 🤣. Y allí nos despedimos todos, un abrazo, encantados de conoceros (la verdad es que nos cayeron genial) y allí nos quedamos esperando a que llegase la hora de nuestro vuelo. Hicimos un FaceTime con Bilbao y de repente ¡última llamada para los pasajeros con destino a Bangkok! ¡Ostras corre que todavía nos quedamos aquí tirados! Y allí que nos fuimos a la carrera buscando nuestra puerta de embarque. Si es que no tenemos remedio 😂

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Y de repente, nos montamos en el avión, y nuestras cabezas hicieron un repaso de nuestro intenso paso por el país. Qué recuerdos y qué experiencias más bonitas. Al final nos daba pena irnos del país, pero los dos estábamos de acuerdo en que nos fuimos en el momento adecuado, para llevarnos ese buen recuerdo que tanto queríamos. ¿Por qué? Pues porque al fin y al cabo es el que va a retumbar en nuestras cabezas cada vez que pensemos en Sri Lanka. Y no nos podíamos haber llevado un mejor recuerdo.

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¿Os habéis fijado en como posa la señora de atrás? 🤣

 

¡Hasta siempre Sri Lanka! ❤️

 

Para leer nuestro siguiente post, esta vez en Bangkok, puedes pinchar aquí.

 

 

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Última parada del país: donde todo empezó.
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