¿Quieres saber si al final me animé a hacer surf en Arugam Bay? ¿Te apetece conocer cómo fueron estos días en nuestra burbuja particular? Si tu respuesta ha sido sí, no te pierdas la historieta de hoy.

 

Bonito despertar

En esta cabaña nos despertamos mucho más a gustito. ¡Menuda diferencia! De no ser por nuestros amigos los cuervos (esos innombrables que sacan lo peor de mí) hubiésemos dormido bastante más.

Pero no, les gusta ponerse en el tejado de la cabaña (da igual en una que en otra, porque hay un número excesivo de cuervos y se oyen por cualquier esquina) y ni siquiera los tapones para el ruido conseguían tapar esos graznidos tan escalofriantes. Quienes nos sigáis por instagram y veáis las stories que solemos publicar cada día sabréis de lo que hablamos.

surf en Arugam Bay
Cuervo acechando

Aquella mañana nos persiguieron hasta en el desayuno. Ahí lo teníamos encima, mirándonos desde la rama del árbol y haciendo ruidos mientras desayunábamos y yo me ponía del higadillo. Nos miraba como si estuviese maquinando un plan maquiavélico contra nosotros por el simple hecho de existir. Pero al final parece que decidió perdonarnos la vida y se marchó.

Entre los cuervos, las ardillas y los perros callejeros que aunque no hacían nada se te pegaban demasiado (a veces se llegaban a juntar hasta cuatro alrededor, entre las sillas, debajo de tus pies, debajo de la mesa… donde pillasen) te daban el desayuno y acababas con la paciencia al límite.

Ese día desayunamos en el hotel para poder estar tranquilos y escribir un poco nuestras aventuras. Nos cambiamos de habitación, pero faltaron los pelos de un calvo para quedarnos sin nuestra querida cabaña (💔). Nos comentó el chico que la pareja que estaba en nuestra futura cabaña quería quedarse un día más (no me extraña) así que no teníamos habitación molona.

La opción que nos daba era pasarnos a la cabaña de enfrente (que aunque era un poco más grande que la nuestra era prácticamente igualita y sin aire acondicionado) y la siguiente noche ya sí, cambiarnos a la que queríamos. No nos hizo ninguna gracia pero le dijimos que lo pensaríamos, aunque… ¿ya sabréis nuestra respuesta no?

Obviamente le dijimos que nanai, que si nos quedábamos en ese hotel era por esa cabaña y que sintiéndolo mucho, nos iríamos a otro hotel. El chico muy majo (y hábil en recursos) dijo que vale, que ya lo apañaría con ellos y que nosotros nos podíamos quedar. YUHUUU 🎉.

¡Dábamos saltos de alegría! Mientras recogíamos nuestras cosas con la puerta abierta (por lo visto no había luz en todo Arugam hasta la tarde) vimos cómo la pareja abandonaba nuestra futura habitación y se metía a la cabaña de enfrente, la que nosotros rechazamos (ju ju lo sentimos mucho tronkis, pero es nuestro tesooooroooooo). ¡Estábamos muy emocionados!

surf en Arugam Bay
Nuestra nueva casa 😍

De tanto comernos el coco pensando qué contaros, nos entró mucha hambre. Así que decidimos darnos un caprichito (con la excusa de que en el resto del país sólo hay arroz y noodles nos hemos estado poniendo chatos) y paramos en un italiano. Cuando quisimos darnos cuenta de que era caro ya era demasiado tarde y no queríamos dar plantón en la mesa así que tiramos la casa por la ventana y nos pedimos una pizza con peperoni y un plato de pasta, a compartir todo. Ya sabéis que somos muy espléndidos así que no nos importaba ir con las tripotas llenas a hacer surf a cuarenta y pico grados. (¿Cómoooo? Sí sí, en ocasiones además de espléndidos, somos muy inteligentes 🤣).

 

Elephant Rock: surf en Arugam Bay para principiantes

 

Pues ahí que fuimos a buscar a Artur y a Miren, cargamos las tablas y nos fuimos de paseo hasta Elephant Rock, una zona conocida por surfistas y un buen sitio para aprender a coger olas. Estaba claro que yo, después de la panzada que me había pegado, no iba a pelearme con las olas y con el tumulto de gente que estaba arrinconada en la roca para pillar olas.

Nosotros no tenemos ni idea de las “normas” que hay en el agua a la hora de coger olas, pero por lo que nos dijeron nuestros surfistas profesionales se las debían pasar un poco por el forro. La verdad es que a pesar del viento que hacía que la arena se te pegase hasta en sitios insospechados, se estaba muy a gusto (la compañía que teníamos ayudaba mucho 🙂).

 

surf en Arugam Bay
Yeicob caminando entre las rocas

 

Para los que no conozcáis Elephant Rock, que supongo que será la inmensa mayoría de los que nos leéis (ni siquiera nosotros sabíamos de su existencia hasta el día anterior):

Para acceder a la zona de playa hay que pasar por unas rocas pegadas a una especie de pantano/laguna en la que ¡Atención! HAY COCODRILOS. (Hace poco, leímos la noticia de un reportero inglés que había ido a hacer surf allí y al ir a lavarse las manos le atacó un cocodrilo y le mató… o sea que no era ninguna broma). El caminito entre rocas eran unos 15 metros, que no era nada, pero el hecho de saber que por ahí pululaban cocodrilos acojonaba un poquito. Bueno en realidad hablo por mí, porque mi Yeicob pasaba por allí como Pedro por su casa (en capítulos anteriores ya os habré contado que es muy ágil).

surf en Arugam Bay
No hace falta explicar nada

 

Así que nada, un poco antes de meterse el sol nos montamos en Pegasus (cuánto le vamos a echar de menos el día que tengamos que dejarle ☹️) e hicimos repartición de bienes y personas en nuestros respectivos hoteles. Ducha para quitar la capa de mugre y arena que se queda pegada día sí y día también (da igual que te bañes y que te duches infinitas veces diarias) y a cenar.

¿Qué cenamos hoy? Pues Kottu Rotti para el Marqués y Rotti de pollo y queso para la Marquesa. ¿Y de postre? Un pancake de plátano helado de vainilla y miel para él (menudo pareado sin pensarlo) y un batido de frutas para ella (aquí no me sale ningún pareado). Despedidas parejiles y para la camita, que no hacer nada cansa mucho.

surf en Arugam Bay
Laguna/pantano donde “puede haber” cocodrilos. Parece mentira, ¿eh?

 

Último día en Arugam Bay

 

Nuestro despertar en aquella lujosa cabaña (aquí habrá opiniones diversas pero para nosotros lo era) fue de las mejores cosas de Arugam. ¡Los cuervos se oían mucho menos! Arugam iba ganando por goleada a cualquier ciudad que habíamos visitado en Sri Lanka. Nos despertamos animados y fuimos a desayunar prontito donde el Boss (ese restaurante se estaba convirtiendo en nuestra segunda casa) y tranquilamente nos volvimos al hotel a escribir un poquito (¿habéis visto cómo nos acordamos de vosotros?😚). Queríamos estrenar nuestro txoko particular en lo alto de la cabaña, pero el aire acondicionado en esa cama king size se postulaba mucho más interesante.

surf en Arugam Bay
Cama molona con A/C

¿Cómo íbamos a perder la oportunidad de estar tirados a la bartola ahí, bajo el aire acondicionado? ¡Ni muertos! Así que ahí estuvimos un ratito, porque queríamos ir a comer pronto para ir a otra playa a surfear con Miren y Artur (dentro de poco serán unos más en la familia 🤣) y el camino en tuk tuk se avecinaba movidito.

Como era nuestra última comida en Arugam queríamos aprovechar para comer nuestra última Veggie Burger (¿? Sí, como lo oís) y allí nos reunimos otra vez, en el Karma.

Pues allá que fuimos, una vez comidos, en busca del Pottuvil point. Eso en vez de unas carreteras decentes parecía un rally del desierto. Porque al pobre Pegasus ya le tenemos domado que si no… hubiésemos podido volcar unas cuantas veces tranquilamente. De hecho a la vuelta nos quedamos atascados en la arena y Artur tuvo que bajarse para empujar mientras Miren y yo le animábamos desde dentro sentadas (¿bajarnos nosotras y quitar peso? Pa´ qué.)

Jacobo con su doctorado en ciencias de la conducción tuk-tukera revolucionó a Pegasus de una manera que casi salimos de la arena volando. Y menos mal. Porque que tal y como pintaba aquel caminito nos podíamos haber quedado tirados en cualquier esquina.

El camino a Pottuvil en sí ya fue más divertido que la playa, que no tenía apenas olas y había unos mosquitos (si se le pueden llamar así porque eran microscópicos) que mordían y los matabas y tenían más sangre que cuerpo y te dejaban unas marcas tres veces más grandes que ellos.

surf en Arugam Bay
Playa de Pottuvil

Buf, qué pereza que nos piquen, así que nos fuimos. Por el camino, como ya os hemos dicho, nos entretuvimos bastante más. Nos encontramos niños súper contentos por vernos que nos chocaban las manos (con tanta fuerza que según Artur habían estado entrenando con la pared de lo fuerte que pegaban), otros que nos hacían una demostración de habilidades en la bici, cabras por el camino, Pegasus atascado… lo dicho, bastante entretenido.

 

Y llegaron las despedidas

 

Por la noche habíamos decidido ir a cenar y tomarnos unos cocktails de despedida. Quisimos llevarles al primer sitio en el que estuvimos nosotros, pero después de sentarnos y despertar al camarero (era de noche pero tampoco era tarde) nos dijeron que no había ron. Oh… nuestro gozo en un pozo. Nos habían dicho que en el bar que había al fondo del pueblo ponían cocktails baratos así que nos animamos a ir. Tirados en el suelo estilo chill out, la verdad es que estábamos muy a gusto. Pero llegó la hora de despedirnos.

El próximo día nos tocaba un trayecto muy muy largo hasta nuestra próxima parada, y no queríamos que se nos hiciese de noche por aquellos caminos que daban bastante miedo. De día impresionantes, de noche peligrosos: a partir de las nueve o diez de la noche los elefantes empezaban a cruzar la carretera… imaginaos. Va a ser que no. Y queríamos llegar a Kandy. Así que nos tocaba descansar mucho para estar frescos como una lechuga durante todo el trayecto.

 

¿Te has quedado con ganas de saber más? No te pierdas nuestra próxima entrada! 👋🏼👋🏼

 

 

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