¿Queréis saber cómo nos fue en nuestro primer viaje de Visa a Kuala Lumpur? ¿Queréis saber por qué nos tiramos dos días en consultas de hospitales? ¿Queréis saber por qué acabé con fiebre y no pudimos disfrutar de nuestra querida Kuala Lumpur? ¡No te pierdas el nuevo capítulo de nuestras crónicas diarias!

Pedimos disculpas por tardar tanto en actualizar este apartado, hemos estado muy liados ¡Y no podemos con todo! Sorry

Kuala Lumpur: el viaje de la visa y los médicos

Por aquel entonces, hacía un mes que habíamos llegado a Tailandia, y como habíamos entrado con una visa de turista, teníamos que salir del país para renovar los papeles. Nuestra idea era ir desde Koh Tao hasta Kuala Lumpur por tierra y poder visitar otra vez la capital de Malasia durante unos días.

Como ya sabéis, Jacobo cuando empezó a bucear tuvo algunos problemillas con la presión que le impedían volar y seguir buceando; así que decidimos adelantar nuestro viaje a Kuala aprovechando que Yeicob estaba fuera del agua y nos fuimos a hacer la Visa. Y ya de paso, visitaríamos un otorrino especialista y yo me daría un capricho de los grandes, de esos que a mi me gustan tanto 🙂.

fuente torres Petronas
Fuente con kolorintxis que nos esperaba en Kuala Lumpur

ODISEA DE VIAJE PARA LLEGAR HASTA KUALA LUMPUR

Pero ya sabéis que nosotros y la organización no nos llevamos muy bien, así que lo que se avecinaba como un viaje súper divertido, se convirtió en una odisea de 36 horas para llegar a la capital. Increíble pero cierto. Nosotros viviendo en la inopia somos muy felices.

Todo marchaba sobre ruedas: la idea era cruzar en ferry desde Koh Tao a Surat Thani, coger un bus hasta la estación de trenes y hacer tiempo allí hasta que llegase nuestro tren cama. Pasaríamos la noche en él y por la mañana llegaríamos a Padang Besar; la ciudad fronteriza donde cogeríamos un tren que nos llevase a Kuala Lumpur. Sencillo, ¿no?

Nuestro viaje empezó un poco regulín: la marea estaba fatal así que el ferry daba unos botes que parecía que en vez de estar en un barco estuviésemos en una montaña rusa. El barco daba unos golpes contra el mar que hacía que el culo se te levantase del asiento y no exageramos. La gente gritando como si el mundo fuese a acabar, y como era de esperar, empezó la ronda de vómitos: buuahhhgg por aquí, buuahhgg por allá y medio barco echando la raba por cada esquina. ¡Qué divertido!😑. Os juramos que nosotros nunca nos mareamos, pero en ese trayecto estuvimos a puntito.

PRIMERA PARADA: SURAT THANI

Cuando por fin terminó ese trayecto infernal nos pasó a recoger un bus que nos dejó en la estación de trenes. Queríamos comprar los billetes antes de quedarnos sin cama guachi así que fuimos directos a la taquilla. “Yo quiero cama abajo fijo, ¿eh?” decía yo toda convencida. Hasta que vi los precios, y mi vocecita ahorradora salió a dar guerra. “Uy, qué cara la cama de abajo”. Y me cogí la litera de arriba. Y Jacobo “luego no te quejes, que yo quiero dormir abajo”. “Que no, que lo hago para que nos ahorremos dinero”. Y luego me puse a pensar y a hacer cálculos. “Coño, si sólo me he ahorrado dos euros”.

Y ahí estaba debatiendo conmigo misma sobre si había hecho bien o no eligiendo la cama barata. Y mientras pensaba, nos fuimos a comprar algo de cenar al 7 Eleven que había al lado. Y ahí fuera, sentados en los escalones me puse a comer un paquete de esos que me gustan tanto y una chocolatina. Y me puse a pensar. “¿Qué sentido tiene que me ahorre dos euros en una cama en la que voy a descansar toda la noche, si luego me compro un chocolate que no necesito (y que encima estaba malo)?”

Así que con el run run en la cabeza, fuimos medio corriendo a la estación de trenes para que me diesen una cama en la litera de abajo. Pero ya era demasiado tarde, mi cama la había comprado algún desalmado. Así que me resigné a quedarme con la cama de arriba, esa que al principio me había parecido una buenísima idea y que en ese momento odiaba con todas mis fuerzas.

tren cama
Así de plácidamente dormía Yeicob al haber sabido escoger una buena cama

EL TREN DE INVERNALIA

Cuando llegamos al tren recordé por qué no quería la cama de arriba: además de tener mucha más luz (tenías las lámparas pegadas a la cara prácticamente) la cama era como la mitad de estrecha que la de abajo. ¡Mecagüen! No aprendo. Y así hasta la mañana siguiente.

Menos mal que pude robar mantas de otras camas y me hice un nido para poder dormir, porque con el frío que hacía ahí era prácticamente imposible pegar ojo. Yo no sé qué trauma tienen en estos países con los aires acondicionados. ¿Será que están hartos del clima tropical y sueñan con vivir en invierno?

SEGUNDA PARADA: PADANG BESAR

Al cruzar la frontera ya tuvimos al típico policía que estaba con ganas de guerra desde por la mañana. Qué pasaditos. Resulta que nos faltaba un papel de inmigración que nos dieron al entrar al país: un papel en el que ponía tu nombre, el número de vuelo y un sello. Y ya. Eso era todo. Y como no lo teníamos (ni Jacobo ni la mayoría de los que venían por detrás) nos querían hacer abrir el equipaje para buscarlo. “¿Estás de coña?” No, no lo estaba. Le dijimos que lo perdimos en Tailandia, y después de cagarse en nosotros en malayo, nos dio otro papelito para rellenar. ¿Para tanto era? Si tenemos un visado no sé para que co** está el papelito ese. Y si tan importante es, no sé por que no lo grapan.

En fin, que una vez pasado el control de inmigración nos fuimos a comprar los billetes con una buena empanada mental. “¿Qué tren te lleva antes a Kuala Lumpur?” Preguntamos a la chica de la taquilla inocentes de nosotros. Nos empezó a dar opciones y acabamos comprando el que teníamos pensado en un principio. Nos llevamos los billetes y a hacer tiempo. ¡Ay almas cándidas! Nosotros tan pichis haciendo tiempo sin saber que la habíamos liado.

Si quieres cruzar la frontera por tierra puedes ver aquí las rutas y horarios de trenes tanto de Tailandia como de Malasia. ¡Así no te pasará como a nosotros!

Total, que después de morirnos del asco y del aburrimiento (literalmente) y de estar durante cinco horas haciendo el canelo, llegó el momento de montarse en el tren. Pero ¡oh! ¡Sorpresa! Había dos trenes. Nosotros nos queríamos montar en uno, pero la gente a la que preguntábamos, nos decía que nuestro tren era el otro, que salía a la misma hora. “Que no, que no puede ser”. Ya estábamos de muy mala milk y veíamos que íbamos a perder el tren en nuestra puñetera cara. Que sí, que no, que si la abuela fuma que si la abuela bebe… Y así fue. El tren pita y se marcha. Imaginaos nuestra cara: un poema. Y ahí saqué yo el diablo que habita en mí, y le monté un pollo a la tía que flipó bastante. “Es que me habíais pedido los billetes a esta ciudad”. “¡NOOOO!” “Te dijimos que ahí no, que a Kuala Lumpur”. La culpa fue nuestra, obviamente: primero por darle opciones entre ir a una ciudad u otra, y segundo por no haber comprobado el destino de los billetes. Pero nosotros somos así: living al limit.

Al ver que yo estaba muy enfadada, la chica se echó el rollo y nos dio la opción de cambiar los billetes. ¿El problema? Que había pasado tanto tiempo desde que habíamos llegado que el tren siguiente ya estaba completo, así que nos vendió los billetes para las 5 de la tarde 👊🏼.  Hala, a esperar otras 5 horas más. Y ya la guinda del pastel fue que cuando fuimos a pagar (con el humo saliéndonos por las orejas) y nos dimos cuenta de que ya no teníamos ringgits suficientes. ¿Quééé? Esto ya era el colmo. Total, que tuvimos que coger un taxi para ir hasta el centro para que nos llevase a un cajero a sacar dinero y volver a la estación de trenes a pasar el día haciendo el mongui. Qué horror.

Y después de unas horas infinitas llegamos a Kuala Lumpur. Y por fin pudimos coger el tren, ese maravilloso tren que nos iba a llevar al hotel para que pudiésemos dormir como dos troncos.

DE MÉDICOS Y VISAS VA LA COSA

torres Petronas desde el hospital
Aburridos en la sala de espera al menos teníamos buenas vistas (Nos mandaron al hospital de la familia real 😎)

Al día siguiente nos levantamos prontito para ira hacer la Visa. Fuimos a la embajada Tailandesa y después directos al hospital al que el seguro nos había mandado. Pero parecía que nuestro viaje empezó gafado y seguía gafado. En el hospital no tenían constancia de nuestra llegada, así que después de esperar y esperar nos atendieron en urgencias. Como era de esperar, el médico de urgencias nos dijo que nos derivaba al otorrino (que era donde nos tenían que haber mandado en un principio) y ¡Oh sorpresa!. Resulta que al ser otro médico, hacía falta otra autorización del seguro, así que perdimos allí el día entero.

Cuando decimos que en estos países tienen un problema con el aire condicionado no es coña: yo pasé tanto frío en el hospital que acabé poniéndome mala y con fiebre mis últimos días del viaje. ¿Por qué un puñetero hospital tiene el aire acondicionado a tope? ¿Por qué? Eso sí, luego todos abrigados hasta arriba. Que alguien nos explique la lógica, porque nosotros no la entendemos.

UN DÍA DE COMPRAS EN KUALA LUMPUR

La niña llevaba deseando este momento desde hacía mucho tiempo (¡cómo no!) porque con la excusa del blog (y además era verdad) necesitábamos un portátil. El iPad con el que viajábamos y escribíamos no era suficiente, así que nuestra visita a la capital tenía que aprovecharse. Y yo como me había portado tan bien tan bien tan bien 😇 nos fuimos a la tienda de Mac a comprar uno. ¡Yupiiiii! 🎊.

Mac book pro
Uno de mis más preciados tesoros 😍

¿Era un capricho? Obviamente. ¿Podía haberme comprado otro? Por supuesto. ¿Pero que estaba más feliz que unas castañuelas? Eso estaba más que claro. Así que eso era lo que importaba. Yo decía “Ya que me compro uno, que sea uno que me encante, ¿no?” (cómo se nota que intentaba autoconvencerme 🤣).

Lo que mola de comprar tecnología en Kuala Lumpur es que es más barata que en España, y lo que mola más aún es que te devuelven gran parte de las tasas que has pagado cuando sales del país (creo que solo vale si sales por aire). Si viajas a Malasia y tienes pensado comprar tecnología no te pierdas este artículo, donde te explicamos cómo reclamar las tasas en 3 sencillos pasos

¿Qué más podíamos pedir?

OTRO DÍA VISITANDO KUALA LUMPUR

Estaba claro que no podíamos visitar Kuala Lumpur sin ir a las torres Petronas. Aunque ya teníamos nuestra foto allí, queríamos repetirla. Una pena que las lentes súper molonas de ojo de pez que tenemos, las dejásemos olvidadas en Koh Tao (“Qué raro” pensaréis. “¿Vosotros olvidando algo? ¡No puede ser!”).

torres petronas
El modo panorámica nos salvó

La verdad es que en este viaje queríamos haber aprovechado más para visitar la ciudad. Aunque en su día ya la visitamos, sólo pasamos 24 horas en la ciudad y nos quedaron muchas cosas por ver. ¿Sabéis qué es lo gracioso? Que en ese primer viaje vimos mucho más que en esa semana.

Aunque esa no era nuestra intención. Queríamos haber visto más cosas. Pero los médicos, mi fiebre y la lluvia que cayó algunos días, hizo que estuviésemos gran parte del tiempo libre en la habitación del hotel.

Y REPITIENDO LO MISMO LOS DÍAS SIGUIENTES

El resto de días tampoco hicimos nada del otro mundo. Repetimos la jugada de los días anteriores: vuelta a la embajada a recoger nuestro visado, vuelta al médico para recoger los resultados de la audiometría y nos fuimos de centros comerciales. Unos shorts por aquí y unas camisetitas por allá. “¡Es que las necesito!” Es una vocecita que sale de mi interior; una vocecita a la que resistirme (Verás tú qué gracia el día que tengamos que hacer las mochilas en Koh Tao. Me voy a partir de risa).

musica callejera bukit bintang
Artistas callejeros

Pero lo mejor de todo (sí, incluso mejor que las compras) fue que el médico le dio a Yeicob el visto bueno para ir en avión. ¡Yuhuuuuu! ¡No tendríamos que volver a pasar tropecientas mil horas en trenes!

DESPIDIÉNDONOS DE KUALA LUMPUR

Por fin llegó el día de marcharse. No es que quisiéramos que nuestros días en la capital Malaya acabasen, pero a esas alturas yo ya llevaba un par de días con fiebre y constipado (¡malditos aires acondicionados!) y me apetecía llegar a casa. Yeicob por su parte se había quedado más tranquilo con lo del oído; ya podía volar y se moría de ganas por seguir buceando.

vistas desde el tren
Vistas desde el tren express que nos llevaba al aeropuerto

Así que ese día nos levantamos prontito y nos fuimos al aeropuerto, reclamamos las tasas allí e hicimos el viaje de vuelta. Esta vez fueron muchas horas, más aburridos que unas setas; pero al menos el viaje no fue tan largo en comparación con la ida 😂.

haciendo el mongui
Por lo menos nos entreteníamos haciendo el mongui

Y llegamos a Koh Tao. Esa llegada fue diferente a la primera, donde no teníamos ni dónde caernos muertos. Esta vez molaba mucho porque ya teníamos nuestra casita, ya conocíamos la isla y ya teníamos amigos. ¡Era como volver a nuestra nueva casa! 🤩

Y hasta aquí nuestra aventura de médicos, visas, fiebre, horas muertas en trenes, estaciones y demás. ¿Os ha gustado nuestra entrada? ¿Echabais de menos nuestras aventuras?

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Unos días en Kuala Lumpur: De visa y de médicos por la city
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