Nuestra última visita en Bangkok fue muy relajada. Aunque cambiábamos de destino, visitamos algunos sitos y fuimos de compras a uno de los mejores mercados. Si aún no has leído nuestra historia anterior, puedes pinchar aquí para ponerte en situación y entender la historia que viene ahora. Y si ya la has leído, puedes continuar con la lectura 🤗.

 

DUDAS EXISTENCIALES MAÑANERAS

 

Visita en Bangkok
Rico y con fundamento, como Argiñano

Cuando nos despertamos en esa maravillosa cama que parecía sacada de un cuento de hadas fuimos a por un buen desayuno, de esos que puedes elegir tú lo que quieras entre un montón de opciones (no como los que te ponían en Sri Lanka, que alguna vez tocaba noodles a palo seco y no os vamos a engañar, para nuestros estómagos morrofinos era demasié.).

Y después de desayunar, como se puso a llover un montón, subimos a la habitación a pensar (como si estuviésemos castigados).

Nos empezamos a plantear seriamente qué íbamos a hacer a lo largo del día, porque pasear por Chinatown, Kao San, mercadillos y alrededores estaba muy bien, pero seguir haciéndolo ya sería repetitivo y acabaría cansando.

Y de repente empezamos a no encontrarle mucho sentido a eso de quedarnos un mes en Bangkok por varios motivos:

  1. El voluntariado que yo quería hacer exigía que estuviésemos mínimo tres meses en Bangkok y yo no me quería comprometer tanto tiempo a estar en una misma ciudad.
  2. El condominio imaginario que teníamos en nuestras mentes en realidad no existía por el precio que estábamos dispuestos a pagar (o al menos no lo encontramos).
  3. ¿Qué íbamos a hacer un mes sin tener nada que hacer y sin una casa guay, si ya en tres días nos estábamos cansando de hacer siempre lo mismo?
  4. No queríamos cansarnos de una ciudad que nos gustaba tanto y acabar cogiéndole manía (anda que no nos quedan veces para volverla a pisar…).

Y entonces volvimos a tener una duda existencial de las buenas. ¿Sería el destino que nos estaba enviando señales y nos estaba diciendo que nuestro tiempo en Bangkok debía terminar? Además, Jacobo había estado hablando con la escuela de buceo en Koh Tao a la que ya le habíamos echado el ojo y a la que teníamos claro que íbamos a ir tarde o temprano.

El plan de viajes que trajimos organizado desde Bilbo había terminado nada más aterrizar en Bangkok. Así que repasando estos puntos estaba claro que no podía ser casualidad, eso era obra del destino. Y más que mandarnos señales, parecía que nos estaba dando tortas imaginarias. Y de un momento a otro dijimos: “oye, ¿y si nos vamos a Koh Tao?”.

 

KOH TAO: ¡SIGUIENTE DESTINO A LA VISTA!

 

Jacobo daba saltos imaginarios de alegría con tan sólo pensar que podía irse a bucear. “¿Tu crees?” Esa era yo, que aunque tenía ganas de probar el buceo, mi mente aún no estaba preparada y creía que era demasiado pronto.

Pero visto lo visto, y las ganas de playa y buceo que teníamos (esto último ya sabemos quién, ¿no? 😜) hicieron que de repente lo tuviésemos claro. Y así sin más decidimos que nuestro tiempo en Bangkok se reducía a cuatro días en vez de cuatro días y un mes, y de repente teníamos un nuevo destino en mente, y además era súper apetecible: ¡Koh Tao!

Visita en Bangkok
Tren que cogimos para ir a Chumphon

Así que más contentos que unas castañuelas nos pusimos a investigar cómo se iba desde Bangkok hasta la isla. Si bien sabíamos que había un tren hasta los dos puertos desde los que salían ferries, era cuestión de saber qué horarios y precios nos convenían más.

Dicho y hecho. Nos fuimos a la estación de trenes de Hua Lampong, que estaba al lado del hotel, y compramos los billetes de tren que nos llevaría hasta Chumphon y los del ferry que nos llevaría hasta nuestro futuro nuevo hogar (¿qué mal suena eh?).

Entre lluvia y lluvia aprovechamos para dar otro paseo por Chinatown, conociéndolo más a fondo y metiéndonos en esos mercados entre calles de mala muerte que dejan un olor más que peculiar en el ambiente. Aunque eso sí, tiene mucho encanto (una cosa no quita la otra).

Hicimos las últimas compras y por la noche ¿a que no sabéis a dónde fuimos? (redoble de tambores…) ¡A nuestro queridísimo bar (que tampoco tiene nada de especial) en Khao San Road para despedirnos! 🎉.

¿Quién nos iba a decir a nosotros que esa noche iba a ser nuestra última en Bangkok? Nos daba pena marcharnos de allí, pero como siempre, nos íbamos con muchas ganas porque empezaba una nueva etapa en nuestra nueva vida 🙂.

 

ÚLTIMO DESPERTAR EN BANGKOK

 

Una de las cosas que más pena nos daba era despedirnos de esa habitación de ensueño, porque sabíamos perfectamente que eso había sido como un espejismo y que hasta dentro de muuuuucho tiempo no íbamos a poder darnos otro caprichazo como ése. Así que fuimos a tomar nuestro último desayuno buffet libre, y volvimos a bajar a la habitación para hacer nuestras maletas.

La señora que limpiaba la ropa nos trajo a ultima hora unos pantalones que supuestamente estaban limpios pero que en realidad seguían sucios, y que la noche anterior tuvimos que llevárselos a la de recepción para que hiciese algo con aquella mancha.

¿Vosotros os podéis creer que después de pagar CINCUENTA EURAZOS en una colada, nos traigan un pantalón con la misma mancha con la que se fue? NO WAY. Ni loca. Pues cuando la señora trajo los pantalones la mancha seguía ahí… que encima era de jabón de manos (tócate los pies), que no era ni aceite ni nada de eso.

No entendíamos nada, así que llegamos a la conclusión de que probablemente le echaron algún producto para quitarla y directamente se comió el color del pantalón. Menuda risa 🙄.

Pues a lo que íbamos, nos pusimos a recoger la jauría que teníamos en la habitación (cambiamos de vida pero no de costumbres) y arramplamos con todos los botecitos de muestra que pudimos (bueno venga vale fui yo). Y ahora no os echéis las manos a la cabeza haciendo como que vosotros no lo hacéis porque no me lo creo. ¿Qué pretendíais? ¿Que dejara  esos geles y champús y suavizantes de pelo con un olor a coco de spa que te mueres y encima gratuitos? JÁ. Ni de broma. Seré mochilera pero mi melena pantene es sagrada. (Antes muerta que sencilla, o sea 💁🏼).

 

VISITA EN BANGKOK. HACIENDO TIEMPO DE COMPRAS

 

Y así nos despedimos de la habitación de nuestro Mansion Hotel, y le dimos las gracias a la cama por habernos dejado dormir como marqueses durante ese tiempo. Dejamos nuestras mochilas en recepción, vimos cuatro cosas que queríamos ver antes de marcharnos de la ciudad y decidimos irnos a la zona de centros comerciales lujosos para amenizar el calor insoportable que hacía. Nos cogimos un taxi que nos llevara al Siam Paragon y de ahí ya fuimos a curiosear la enorme calle que hay rodeada de centros comerciales de lujo; con sus vías de metro y skytrain que formaban una especie de cúpula con un rollo futurista bastante chulo.

Nos aventuramos a comer en un japonés súper moderno, en el que hacías el pedido a través de una pantalla táctil y podías ir pidiendo más platos a medida que te iba apeteciendo, podías llamar a la camarera, pedir la cuenta… En resumen, que estos japos nos dan mil vueltas vamos.

Y seguimos paseando por allí buscando un reloj de buceo para el nuevo-futuro-pofecioná, y ya que estábamos, una carcasa molona para la GoPro que nos permitiese hacer fotos mitad en la superficie y mitad bajo el agua.

Visita en Bangkok
Así de modelnos son los japos

Pero nos fuimos de centro comercial en centro comercial y nada oye, ni lo uno ni lo otro. Se nos ocurrió ir al MBK, que es otro mercado muy famoso en el que, no me quiero pillar los dedos, diría que venden absolutamente de todo (como en el Corte Inglés).

Y por lo visto, el día que me pareció original regalarle una GoPro diferente a las demás hice mal, muy mal, porque hemos visto accesorios de todas las GoPros menos de la nuestra (¿Y si mandamos una queja a las fábricas de imitaciones para que se pongan las pilas?🤔).

Así que nos fuimos con las manos vacías a Chinatown de nuevo, a nuestro querido hotel, a recoger nuestros bártulos para ir a la estación de trenes y emprender nuestro nuevo viaje. Ya no quedaba nada para empezar a bucear.

Al día siguiente ya teníamos la presentación del Open Water y no podíamos estar más contentos. Ni yo más acojonada. Bueno sí, pero eso lo descubrí en las profundidades del mar. Y eso ya da para otro capítulo.

 

 

¿Quieres conocer cómo nos fue durmiendo en el tren cama y todo el periplo para llegar hasta Koh Tao? ¿Tienes ganas de leer cómo nos fue bajo el mar, como a la Sirenita? No te pierdas la próxima historieta de las J-aventuras!

 

 

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Last stop in Bangkok (por ahora)
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