En nuestra historieta anterior os contábamos que hicimos un cambio de planes a última hora, y que en vez de marcharnos en un bus nocturno a las 12 de la noche para ir de Da Lat a Ho Chi Minh, decidimos postergarlo para el día siguiente. (Si aún no has leído nuestra aventura te la dejamos aquí: Da Lat: La divertida ciudad con microclima).

Ho Chi Minh: ¡Vamos que nos vamos!

¡Y qué buen cambio hicimos! Madrugamos mucho, eso sí, pero no nos importó. Lo único que nos dio pena fue que cuando estábamos yendo hacia la estación de buses, veíamos que estaba haciendo un sol espectacular. ¡Ay…! ¿Y si nos hubiésemos quedado un día más?

de visita en ho chi minh
¡Todo preparado para ir a Ho Chi Minh!

El caso es que llegamos a la estación de buses. Al ser un trayecto de día nosotros ya nos esperábamos unos autobuses normales y corrientes, pero no sabéis qué alegría nos entró cuando descubrimos que aunque fuese de día, ¡también viajaríamos en un autobús cama!

Cada uno iba preparado con su kit de viaje: abrigo, calcetines y capítulos de Netflix descargados para pasar unas cuantas horas en el bus. Yo empecé a ver esa serie nueva que había salido y de la que todo el mundo hablaba: «Élite», que trata de unos adolescentes super mega pijos que se ven envueltos en un asesinato y se pasan toda la trama averiguando quién es el asesino.

Por si no os habéis dado cuenta, yo soy muy fan de esas series de adolescentes (por muchos 30 tacos que tenga) así que me tiré todo el viaje enganchada al móvil. Fijaos si el viaje era largo, que me vi casi toda la primera (y por ahora única) temporada en el bus. Así que a pesar de las horas (fueron unas 6 o 7), el viaje estuvo muy bien.

Yeicob por su parte se las ingenió para cambiarse de asiento y se fue a la parte de atrás, justo detrás de mí, donde había 5 camas seguidas, una al lado de la otra. Vamos, que estábamos como en casa.

Y por fin llegamos a Ho Chi Minh, nuestra última parada

Por fin llegamos a la capi del sur del país. Salimos del hotel de Da Lat a eso de las 8.30am y no llegamos a Ho Chi Minh hasta las 16:30h más o menos, así que nuestro objetivo number 1 era llegar a la casa de Airbnb que habíamos reservado y dejar todas nuestras cosas.

¡Pero claro! No teníamos internet, así que no sabíamos dónde estaba la casa ni podíamos pedir un grab. ¿Y qué hicimos? Pues muy sencillo. Conecté el wifi del móvil y empecé a rastrear señales, a ver si había algún bar cerca con wifi en el que poder tomar algo a cambio de la contraseña.

Y dicho y hecho, «sólo» tuvimos que cruzar la carretera para llegar al bar. Digo «sólo» porque el tráfico en Ho Chi Minh es brutal, la ciudad está invadida por coches y motos, por lo que se hizo un poco complicado cruzar con todo lo que llevábamos 🤣.

Pero bueno, una vez cruzamos nos pedimos un té y un café y la contraseña del wifi. Con eso, ya pudimos descargar la información sobre la casa y pudimos pedir un grab que nos llevase hasta allí.

Cuando llegamos al portal, hice exactamente lo mismo: rastreo de redes wifi a ver si pillaba la de la casa (teníamos la contraseña en el mail de Airbnb) y bingo, la señal de wifi llegaba hasta allí jaja. Así que una vez conectados, les mandamos un mensaje a los anfitriones en plan «¡ehhhh que estamos aquí!» Y bajaron a abrirnos y nos enseñaron el que sería nuestro apartamento las siguientes dos noches.

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No estaba nada mal, ¿no?

Vagueamos un poco en casa y nos fuimos a dar un paseo. Teniendo en cuenta que por esta zona del mundo nosotros siempre cenamos sobre las 19:00h o como mucho las 20:00h, era el momento perfecto para cenar.

Últimos días en Ho Chi Minh

Nuestra estancia en Ho Chi Minh fue un visto y no visto: llegamos un viernes prácticamente por la noche y nos marchamos un domingo. Como ya habíamos estado en Ho Chi Minh no teníamos mucho interés en visitar la ciudad de nuevo y además, tampoco teníamos tiempo para hacer alguna excursión por los alrededores.

El motivo real de estar allí, como ya sabréis, era coger el vuelo a Filipinas, el resto nos daba un poco igual. Así que lo único que hicimos durante ese día y medio fue pasear un poco y aquí una servidora irse de compras (muahahaha).

Pero tampoco os creáis que compré mucho eh… Hay algo que mi cabeza no llegó a comprender ni creo que llegue a comprender nunca. ¿Cómo puede ser que en una ciudad en la que la temperatura media sea de unos 30°C (así a ojo) estén las tiendas plagadas de abrigos con pelo y ropa de invierno? WTF!?

Me parece algo ridículo. Vale que me metí en las típicas tiendas de Inditex y en España era invierno pero coñooo… Que se lleve la ropa de invierno en un país en el que hace frío, lo entiendo. Pero allí, que hacía un calor sofocante… Era algo incomprensible. Pues no os lo vais a creer, pero la gente no tenía ningún reparo en comprar de todo.

Yo pensaba, ¿cuándo coño se va a poner esta gente un abrigo de pelos y una bufanda de lana? ¿en casa con el aire acondicionado puesto? 🤣 Será que echan de menos el invierno porque allí nunca hace frío, y comprándose esa ropa se consolarían un poco. Creo que esta duda existencial va a ir directa a la lista de «misterios sin resolver».

En fin, que algo pude comprarme pero poca cosa. Un par de faldas y ya. Lo bueno es que pude renovar un poco mi armario-maleta, porque entre que pierdes cosas y te las estropean al lavar… yo ya no tenía prácticamente nada (seguro que si alguien viese el contenido de mi maleta en aquel momento se reiría en mi cara con lo que acabo de decir jaja).

Lo dicho, que en Ho Chi Minh hicimos bastante poco pero al menos recorrimos algunos sitios y nos acordamos de nuestro viaje anterior: «¡mira! ¿te acuerdas de cuando estuvimos allí cenando?» «¿Y te acuerdas de esto?».

Se nos creaba una sensación rara en plan… qué fuerte. ¿Quién nos iba a decir a nosotros en aquel momento que volveríamos al de dos años y con un estilo de vida totalmente diferente? La de vueltas que da la vida 🥰.

Dirección al aeropuerto con destino Manila

El último día nos dejaron guardar las maletas en la casa. Así que por la tarde volvimos, nos pegamos una ducha destrangis, cogimos nuestras cosas y fuimos directos al bus que nos llevaba al aeropuerto (que por suerte estaba justo debajo de casa).

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En el bus de camino al aeropuerto

Sabíamos que para entrar en Filipinas era obligatorio presentar un billete de salida del país, pero nosotros (que ya sabéis que nos gusta vivir al límite 😂) teníamos preparada una jugada magistral para entrar.

Un amigo de Koh Tao nos enseñó en su día cómo falsear una reserva de avión. Resulta que cuando tú recibes el mail de confirmación en tu bandeja de entrada, si desde el ordenador le das a reenviar, se genera un nuevo email en el que puedes editar toda la información que allí aparece. Y todo con el mismo estilo de letra, color, tamaño… etc.

Así que eso mismo hicimos nosotros. Teníamos una confirmación de Airasia en el mail de anteriores vuelos. Así que sólo teníamos que buscar un vuelo de la misma compañía que saliese de Filipinas a cualquier otro destino. Cuando lo encontramos, pusimos todos los datos: origen, destino, código de aeropuerto, hora de llegada y de salida… etc. Todo, absolutamente todo era real excepto una cosa: el número de reserva, que obviamente era inventado.

Y nosotros con nuestros billetes super fake estábamos tan tranquilos, porque la verdad es que daban el pego total. Así que hicimos el moñas, dimos vueltas, cenamos… porque total, íbamos con tiempo de sobra.

Vuelo a Manila: O cómo tener un microinfartito (como diría Ned Flanders)

El caso es que llegó la hora de hacer el check in. Fuimos prácticamente de los primeros porque nos queríamos deshacer ya de las maletas y entrar a la zona de embarque, ya que fuera no había nada para hacer. Pues ahí que fuimos tan pichis a sacar los billetes.

Nos acercamos, dimos nuestros pasaportes y la tía nos dice: «vuelo de salida». Y yo en plan «está tó controlado». Le enseño el móvil con la reserva, se pone a teclear cosas y me dice toda seria: «Esto es falso. O me enseñáis un vuelo de salida o no embarcáis».

Y yo en plan «¿Quééé?» Haciéndome la tonta total. «Ah pues no sé de qué me hablas. Mi hermana me ha hecho la reserva y me lo ha enviado». La tía con un careto en plan «sé que me estáis engañando a la cara». Y yo: «Bueno… voy a ver si hablo con mi hermana y me lo arregla, porque no sé qué ha podido pasar».

Y nos fuimos de allí guardando la compostura como si no supiésemos de qué iba la cosa. Pero en verdad estábamos por dentro pensando: «mierda!! mierda!! mierda!!» 🤣

Evidentemente no queríamos comprar dos billetes de salida del país (uno para cada uno) porque no sabíamos cuándo íbamos a salir, así que era tirar como mínimo 150€ a la basura. Y obviamente no estábamos por la labor.

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Ahí estaba yo tan feliciana, sin saber lo que nos esperaba con los billetes 🤣

¿Y ahora qué hacemos?

Habíamos oído hablar de una página web en la que pagabas 12$ y te enviaban una reserva real que duraba 48h. Si en esas 48h no lo comprabas, ésta caducaba. Pero no sabíamos dónde comprarla, ni si la web era fiable y mientras tanto, el tiempo corría.

Les escribí a unos amigos y me confirmaron el nombre de la página, pero cuando fuimos a comprarlos, ponía que podían tardar hasta una hora en enviarte la confirmación. Estábamos cagados, porque no teníamos tanto tiempo.

¿Y si compramos esas reservas y no llegan a tiempo y perdemos el vuelo? ¿Y si no llegan a tiempo y tenemos que pagar además otros vuelos de salida para no perder este vuelo a Manila? ¿Y si llegan a tiempo y aún así no nos dejan entrar?

Os imagináis cómo estábamos, ¿no? Cagados. Jajaja. A ver si encima después de tanto tiempo haciendo el tonto por el aeropuerto, íbamos a acabar perdiendo el vuelo.

Al final nos la jugamos. Dijimos mira, compramos las reservas de los vuelos y listo. ¿Que en media hora no llegan? Pues compramos unos billetes a Taipei (que estaban baratos) y aprovechamos el viaje para conocerlo durante un par de días y volvemos a entrar en Filipinas.

¿Resultado? En menos de 10 minutos teníamos la reserva en el mail. ¡Uf, menos mal! Ahora sólo tocaba que en el mostrador no nos pusieran pegas. Nos fuimos a la cola y cruzamos los dedos para que no nos tocase el mostrador de la torda con la que habíamos estado antes, porque iba a ser todo una mentira demasiado evidente.

Por suerte para nosotros, nos tocó el otro mostrador, pero vimos que esa chica también metió los datos y el número de reserva para comprobar que todo era real. No sabemos si comprueban a todo el mundo el número de reserva o sólo a nosotros porque vieron nuestra jugada.

Peeeero, se tuvieron que aguantar, porque todo era real ¡¡y nos dejaron pasar!! No sabéis qué emoción cuando dejamos nuestras cosas en la cinta y tuvimos nuestros billetes en la mano jajajaja.

Ahora ya sólo tocaba esperar a que llegase nuestro avión y volar rumbo a Manila, la capital de un paraíso llamado Filipinas. Si no te quieres perder nuestras andaduras por allí, puedes leer nuestra siguiente historia. ¡Nos vemos en Filipinas!

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Aventuras en Ho Chi Minh y microinfartos para viajar a Manila
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