Después de la paliza que nos pegamos el día anterior para ir desde Camboya a Vietnam, ese día nos levantamos con ganas de no hacer nada, pero a la vez súper contentos y con ganas de ver qué se cocía por esa ciudad.

Cambiar de país nos había dado un buen chute de energía y Quy Nhon no nos pudo acoger con los brazos más abiertos.

Para los que no lo sepáis, hace algo más de dos años estuvimos en Vietnam (un viaje en el que por cierto, disfrutamos mucho). Por eso, para nosotros estar en Vietnam era estar en un sitio conocido, una especie de «casita» donde sentirnos a gusto.

La idea de ir a Vietnam no era recorrer el país, sino llegar a Ho Chi Minh para coger un vuelo a Manila (Filipinas). Un vuelo que por cierto, aún no habíamos comprado. Le habíamos echado un ojo a los precios de los vuelos y más o menos teníamos como 10 días libres hasta que saliese el vuelo barato (aunque cómo no, por dejarlo todo para última hora acabamos pagándolos más caros 😂).

El caso es que teníamos varios días libres y se nos ocurrió que sería una buena idea ir bajando poco a poco a Ho Chi Minh por tierra, conociendo ciudades que la otra vez no nos dio tiempo a conocer. No teníamos plan. Todo iría sobre la marcha. Y así fue como caímos en Quy Nhon, la ciudad más cercana a Pleiku (donde nos dejaba el bus que cruzaba desde Camboya).

Conociendo Quy Nhon

Como no teníamos ningún plan ni ningunas expectativas pudimos disfrutar al máximo de lo que Quy Nhon tenía para ofrecernos. Aquel día hacía un solazo de escándalo. Nos levantamos, tomamos el café con tostadas que nos preparamos en recepción y nos fuimos a dar un paseo por la ciudad.

«¿Hacia dónde tiramos?» «Pues para allí mismamente». Y ahí que nos fuimos sin rumbo, paseando por las calles y viendo el día a día. Callejeando acabamos en el paseo que da al mar, un paseo de unos cuantos kilómetros pegados a la playa en los que apenas había tráfico. «Wowwww una ciudad vietnamita sin tráfico, ¡no puede ser!» pensábamos. Y sí, sí podía ser aunque más tarde descubrimos por qué: el tráfico caótico estaba en las carreteras que rodean la ciudad 😂

Al de poco paramos en un restaurante vacío (como la mayoría de los que estaban en el paseo) y pedimos el menú. Hacía un calor y un sol demasiado insoportables como para ir caminando por allí así que aprovechamos para tomarnos una cervecita y celebrar nuestra nueva etapa (como habéis podido comprobar, siempre tenemos una buena excusa para tomar cervezas jaja 😬).

La niña se pidió pulpo a la plancha (¡había que aprovechar el buen precio!) y Yeicob cómo no, se tomó un arroz. Yo aún no logro entender su pasión por el arroz jajaja. La señora muy amable nos trajo un plato para que probásemos. ¿Qué será? y de repente asomamos la cabeza y vemos que eran huevos de codorniz. Pero no huevos cocidos con su yema y su clara, no… huevos donde se veía al embrión cuando lo abrías. Casi nos da un soponcio.

¿Cómo íbamos a comer eso? No queríamos hacerle un feo a la pobre señora que había tenido el detalle de sacarnos algo que para ella sería una delicatessen… pero tampoco estábamos por la labor de comerlos. Así que nos hicimos los suecos y los dejamos ahí 😅

Después de descansar la barriga un poco nos pusimos en marcha y fuimos a recorrer la ciudad. Una ciudad que nos sorprendió gratamente por lo amplia, bonita, tranquila y verde que era. Nos dio tiempo a recorrer gran parte de la ciudad, viendo un pequeño estanque, niños jugando después del colegio, pequeñas callejuelas típicas vietnamitas con sillas y mesas fuera de cada casa, donde sacaban la comida para vender…

Una ciudad muy auténtica que hacía que cada vez nos sintiésemos más a gusto en esa ciudad. ¡Cómo nos estaba gustando Quy Nhon!

Cuando empezó a caer la noche e íbamos hacia el hotel, nos encontramos con un bar en la playa con muy buena pinta así que paramos a tomarnos unos batidos para empezar a calentar el estómago para la cena jajaja. Después, acabamos en un restaurante que tenía unas pizzas muy ricas. Y así es como terminamos un día perfecto.

Visitando los alrededores de Quy Nhon

Teníamos en mente conocer un buda gigante que encontramos en internet por casualidad. Así que después de tomar nuestras tostaditas en recepción como el día anterior, esa mañana le alquilamos una moto al dueño que eran tan majo y cogimos rumbo a la city.

Primero paramos en Thap Doi, un par de torres dedicadas al dios Shiva. Esto es todo lo que conseguimos averiguar, porque lo cierto es que a pesar de ser muy bonitas, no encontramos información al respecto. Así que no sabíamos muy bien por qué estaban ahí ni su historia. A pesar de lo bonitas que eran, cuando llegamos y las vimos nos defraudaron un poco.

Aparcamos la moto, pagamos la entrada y al entrar nos miramos y dijimos: «¿ya está?» A ver, sí que es cierto que eran muy chulas pero nos esperábamos algo más, no sé. Un recinto más amplio, las torres más grandes… algo diferente. Puede ser que las fotos que vimos en internet hiciesen que nuestras expectativas sobre el sitio fuesen excesivamente altas. Pero bueno. Igualmente era un sitio muy tranquilo y muy bonito 😊.

Nuestro siguiente destino se encontraba a unos cuantos kilómetros de la ciudad, a unos 25 para ser más exactos. Más o menos media hora en moto. ¡Pero vaya media hora! Un camino que si Quy Nhon nos estaba encantando, este camino nos encantó mucho más. Naturaleza, zonas más rurales, mar y tranquilidad por todas partes. Fue precioso.

Cuando llegamos, nos dimos cuenta que el punto que Google Maps marcaba, no era precisamente el punto en el que creemos que deberíamos haber estado. Pero bueno, como había unas escaleras y vimos a otro turista, creímos que ese camino también era una opción válida.

Yeicob me iba avisando: «Ya verás qué cuesta, que la he visto cuando veníamos», «no te bebas todo el agua, espera a que lleguemos arriba». Y yo «¡¡que tengo mucho calor y mucha sed!!». Al final me la acabé bebiendo toda jaja pero por suerte, la escalinata no era tan larga como pensábamos. De repente las escaleras se acabaron, y dimos con una especie de recinto con un par de pequeñas casas y un pequeño templo. Todo vacío. ¿Será por aquí?

Después de investigar entre varios matorrales dimos con un camino de tierra que parecía seguir subiendo. «Será por aquí». Y por ahí seguimos, cinco minutitos más por un terraplén hasta dar con la otra escalinata que llevaba hasta ese impresionante buda.

Mientras subíamos los escalones, íbamos viendo que cada ciertos metros había otras esculturas a cada lado. No tan impresionantes como las del buda obviamente, pero sí igual de bonitas y de cuidadas.

¿Lo mejor? Las vistas desde lo alto. Se respiraba paz, tranquilidad, felicidad. Era increíble porque no había nadie, sólo nosotros. Y cuando te ponías de espaldas a la estatua, podías apreciar unas vistas al mar que quitaban el hipo:

Todo nos parecía un poco raro: el templo no aparecía anunciado en ningún lado y parecía ser que no era nada conocido porque estaba vacío. ¿Cómo podía ser que un buda tan inmenso y precioso donde ni siquiera había que pagar una entrada estuviese vacío?

Y mientras observábamos las vistas desde lo alto, vimos que la entrada estaba en obras. Y así es como empezamos a atar cabos y llegamos a la conclusión de que ese sitio muy viejo no podía ser. «Oye para mí que esto es nuevo y lo acaban de abrir». El terraplén por el que habíamos subido era un buen indicador de ello, pero no caímos en la cuenta hasta ese momento.

Después de hacernos unas fotos volvimos hacia la moto y nuestra intención era ir a unas playas que había pasando Quy Nhon. Así que dijimos «bueno, vamos dirección Quy Nhon pero en vez de ir por el camino de antes, vamos por el otro así vemos más paisaje». En el mapa se veía claramente que había dos opciones para hacer el mismo trayecto, así que nos fiamos de maps.me y empezamos a andar.

Al de unos minutos conduciendo por unos caminos de cabras me di cuenta: «ay espera cari que nos hemos saltado la salida». «Tiene que ser por aquí». «¿Pero cómo va a ser por ahí si es todo tierra?» «Que sí, es lo que dice el mapa». Y como hay veces que la ubicación no la pilla del todo bien cuando no tienes datos, decidimos tirar por otro camino, que según el mapa, nos reconduciría a la carretera por la que teníamos que seguir. Así íbamos a tiro fijo.

O eso es lo que pensábamos, ilusos de nosotros, cuando empezamos a ir por unos caminos de tierra súper grandes que estaban como en obras. «¿Oye seguro que vamos bien?» Y los vietnamitas que iban en moto por allí como Pedro por su casa nos movían la mano en plan «sí, sí, id por ahí que no pasa nada». Y como todos iban, pues nosotros también.

Durante nuestra andanza por aquellas obras, pudimos deducir dos cosas:

  1. Que estaban construyendo una autopista más grande que la A-8 y con más carriles que la supersur.
  2. Que con las dimensiones que tenían esas obras, seguro que estaban construyendo otra ciudad 🤣.

Por fin, después de más de media hora danzando por caminos de tierra arriba y abajo, en diferentes alturas, por debajo de puentes y cruzando ríos por autopistas de tierras llegamos a zona conocida. ¡Bieeenn! 👏🏻 Ahora sólo quedaba ir hasta el pueblo de al lado y visitar las playas que teníamos en mente.

Pero desgraciadamente, no sabemos muy bien si por culpa del mapa o por qué, jamás llegamos a esas playas. Estábamos cansados de dar vueltas así que después de indagar un poco en aquel mini pueblo, decidimos volver a Quy Nhon.

Dentro de poco se iba a hacer de noche y ni siquiera habíamos comido, así que fuimos a llenar nuestras barrigas y a descansar al hotel hasta el día siguiente.

Si quieres saber cómo pasamos el resto de nuestros días en nuestra querida Quy Nhon, ¡no puedes perderte nuestra siguiente entrada!

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Welcome to Quy Nhon: la ciudad vietnamita inesperada
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